AFRODESCENDENCIA

 

En los tours de cicloturismo descubrimos lugares que, aunque ya hayamos conocido antes, debido a las personas que ahí se encuentran o al momento exacto de nuestro pedalear por ahí, estos adquieren un significado diferente por sus historias y relatos. En nuestra tour por la ciudad de Zacatecoluca visitamos el monumento al prócer José Simeón Cañas, libertador de los esclavos de Centroamérica. Este monumento posee un gran significado histórico para los salvadoreños.

El monumento a José Simeón Cañas, libertador de los esclavos, está ubicado en el parque central de Zacatecoluca.

Y aunque es en honor del prócer José Simeón Cañas y Villacorta es, extrañamente, desconocido por muchos salvadoreños. Está ubicado en la plaza central de Zacatecoluca, ciudad que lo vio nacer en el barrio El Centro, el 18 de febrero de 1767. Fue el tercero de ocho hijos del matrimonio de Pablo Cañas y Lucía de Villacorta y Barahona. Su familia era acaudalada, y con el fin de educar a sus hijos, se trasladaron a Guatemala.

El padre Cañas fue un humanista, quien se sintió profundamente conmovido por la forma en que eran tratados los afrodescendientes en El Salvador. Con el correr de los años fue considerado mundialmente como el libertador de los esclavos en Centroamérica.

En aquel país el prócer Cañas realizó sus estudios en filosofía y teología, y demostró su gran capacidad intelectual y humana, al grado de lograr desempeñarse en el alto puesto de Rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, donde conquistó el aprecio de todos sus colegas y compañeros por su sabiduría y el buen tacto con el que resolvía las dificultades que enfrentaba.

Esta magnífica obra de arte fue elaborada por el escultor español Benjamín Saúl en 1959; 51 años después continúa siendo fiel testimonio de la conmemoración de aquel acto humanitario que salvó la vida de cientos de afrodescendientes.

Esta capacidad humana lo llevó a formar parte de la comisión para revisar el Pacto de Iguala, y gracias a las resoluciones de aquella comisión, el 31 de diciembre de 1823, el padre Cañas pidió personalmente a la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas de Centro de América, a través de un sentido discurso, que fuera decretada la abolición de la esclavitud, abogando por la igualdad de los hombres no importando su raza o condición social. Este acto lo constituyó en el primer abolicionista de la esclavitud en América.

Otro testimonio de la importante obra del presbítero Cañas fue en una pintura impresa en los antiguos billetes de cinco colones. Esta obra de arte fue elaborada por  el artista chileno Luis Vergara Ahumada y recoge el momento en el que José Simeón Cañas habla a la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América para que se promulgara un decreto que liberara a los esclavos africanos.

Esta capacidad de misericordia innata del padre Cañas le granjeó ser reconocido por tener gran corazón: no compartía su pan con los pobres, se los daba todo. Así fue como repartió entre todos los menesterosos la cuantiosa herencia de sus padres. Su salud fue siempre muy mala, pero él con gran esfuerzo supo sobreponerse a sus achaques y mantener su espíritu sano y fuerte contra todos los males.

Placa ubicada en el monumento a José Simeón Cañas, en Zacatecoluca.

Falleció el 4 de marzo de 1838 y sus restos fueron sepultados en la iglesia de El Pilar, en San Vicente. A lo largo del siglo XX, su vida y su obra humanista merecieron varios libros escritos por el doctor Ramón López Jiménez y el historiador Jorge Lardé y Larín.  Además, la primera universidad de carácter privado fundada en El Salvador en 1965 y una de las más prestigiosas del país, la Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), adoptó su nombre en reconocimiento por su acto humanitario de liberación de los esclavos en el istmo centroamericano.

Grabado en donde se transcribe el famoso discurso del padre Cañas a favor de la liberación de los esclavos, pronunciado en la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América en Guatemala.

Otro reconocimiento para conmemorar el bicentenario de su nacimiento es un hermoso monumento con tres imágenes de cuerpo completo tallado en bronce, realizado por el artista español Benjamín Saúl Rodríguez. Este monumento fue develado el 31 de diciembre de 1967 para el gran legado de este notable salvadoreño, quien ofrendó su vida en beneficio de una humanidad en libertad.

AFRODESCENDENCIA SALVADOREÑA

Los primeros africanos que vinieron a tierras cuscatlecas lo hicieron junto al conquistador Pedro de Alvarado, quien los traía desde México  junto a indígenas leales a los españoles. «Estos eran africanos de segunda generación o aculturados europeos», comenta Heriberto Erquicia, director del Museo Nacional de Antropología (MUNA), para referirse a que había varias clasificaciones para los africanos que venían a América: los llamados bozales eran los que todavía se consideraban en un estado nativo africano y no aculturados; los mulatos, que eran los que habían sido engendrados entre una persona de piel blanca y una negra; y los zambos, que eran los que había sido engendrados entre una persona indígena y una negra.

Los esclavos que venían directamente de África a América eran conocidos como «bozales», ya que al ser considerados «salvajes» se les colocaba una especie bozo para impedirles morder o escupir.

En un documento emitido en 1641 se menciona que un grupo de africanos provenientes de Angola escaparon de un navío que había encallado en las costas hondureñas. Estos tomaron armas y escaparon hacia las montañas; luego fueron recapturados, castigados, encarcelados, y los que sobrevivieron fueron enviados a San Miguel. En total, solo 76 esclavos fueron los que se pudieron recuperar de las condiciones a las que fueron sometidos de castigo, ya que a los que se encontraban enfermos los dejaron morir, pero los sobrevivientes no fueron devueltos a Honduras, por la necesidad de ellos en la provincia de El Salvador.

Se desconoce el número exacto de africanos que vinieron a América. Muchos de ellos perecieron en el viaje obligado a estas tierras. Otros enfermaron por las malas condiciones de vida y solo los más fuertes se adaptaron a años de esclavitud.

Sonsonate fue otro lugar donde llegaron muchos esclavos directamente desde África. Esta ciudad, por su cercanía al recién establecido puerto de Acajutla, fue designado para realizar las transacciones de compra y venta de esclavos. Ahí se abastecían los traficantes de humanos que satisfacían las necesidades de los pueblos y villas del interior de la provincia, comerciantes guatemaltecos y otros provenientes desde el Perú también llegaban a ese puerto buscando esclavos y tinta de añil.

El lienzo de Quauhquechollan pintado por los indígenas quauhquecholtecas retrata la vida de los indígenas guatemaltecos durante la conquista española a esa región. Este lienzo es especial porque en él se puede observar un esclavo negro con ropas tribales, lanzas y escudos, caminando detrás de un conquistador que monta a caballo.

La creciente demanda de trabajadores en los obrajes añileros, siembras de caña de azúcar y algodón en todas las provincias, hacía que los traficantes de las provincias de San Salvador, Honduras y Nicaragua llegaran exclusivamente a Sonsonate en busca de los esclavos africanos que ahí se comercializaban.

Durante los años de la conquista muchos africanos llegaron a las costas pacíficas Centroamericanas, en donde eran vendidos y llevados a otras provincias.

Con paso de los años muchos de estos esclavos se quedaron en la provincia de El Salvador pero eran asignados a zonas específicas. Así como estaban las áreas exclusivamente de indígenas, otras eran zonas para la población mulata, aunque eventualmente comenzaron a coexistir a medida las poblaciones fueron creciendo.

Los malos tratos a los que fueron sometidos los africanos en todo su viaje hacia América es un tema que hasta la fecha solamente se puede explicar como un horrendo crimen de lesa humanidad.

Ya para finales del siglo XVIII, la población mulata en El Salvador se había establecido como el segundo grupo poblacional más notorio después de los indígenas. “En 1807 se realiza el último gran censo de San Salvador antes de la independencia, el 53 % o 54 % de la población estaba catalogada como gente mulata. La gran población de ese San Salvador fue mulata… y en un porcentaje similar se encontraban los indígenas, y un 2 % o 3 % eran españoles, en su mayoría criollos, que eran gente nacida en América”, comenta Heriberto Erquicia, Director del MUNA.
Pero con esta convivencia también inició el proceso de invisibilización de la población afrodescendiente, utilización del término ladino, el cual se aplicaba para clasificar a aquellas personas cuya ascendencia no estaba clara; de ahí este grupo se convirtió en el más importante de nuestro país.

LA LIBERTAD

Con la independencia, se abolió la esclavitud para los esclavos africanos, según ley promulgada el 24 de abril de 1824 por el Congreso Constituyente en Guatemala.  En este hecho histórico a escala mundial es famosa la intervención del presbítero José Simeón Cañas quien,  el último día del año 1823, pronuncia su reconocido discurso abolicionista ante la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, erradicando en forma definitiva la  esclavitud en el istmo centroamericano y quedando en libertad todos los esclavos. Paradójicamente, sus dueños fueron indemnizados por la pérdida de su «inversión».

Imagen que muestra a indígenas salvadoreñas en su camino hacia Nahuizalco, Sonsonate. Contrario a lo que se cree, los indígenas en América no fueron esclavizados, ya que en 1530, con el reinado de Carlos I, la esclavitud de los indígenas en América fue prohibida oficialmente, aunque algunos la practicaron de forma ilegal. Sin embargo, muchos fueron empleados en labores de servidumbre y siempre fueron considerados como ciudadanos de segunda clase y sin derechos.

Con la independencia y después con la Federación, se trató de homogeneizar a la población de la nueva nación. Se dejó de clasificar a las personas al momento de su bautizo por su raza y los grupos que componían la sociedad colonial desaparecieron de los documentos. En los siglos XIX y XX, los afrodescendientes desaparecieron de la historiografía salvadoreña, en parte por la legitimación de la nueva nación y por la exaltación impuesta del mestizo y sus dos raíces: la blanca e indígena.

Fotografía tomada en El Salvador de inicios del siglo XX en la que se muestra a trabajadores afrodescendientes e indígenas junto al propietario de una finca.

Pero este error histórico no ha podido borrar la valiosa presencia de los africanos originarios y su descendencia en momentos cruciales del surgimiento de nuestro país, desde la conquista, luego durante el período colonial y su integración a la sociedad, participando activamente en las insurgencias de 1811, 1814 y en el proceso independentista, para después, en libertad, incorporarse silenciosamente en la construcción de la sociedad republicana.

Foto de mediados del siglo XX muestra a una afrodescendiente que prestaba su servicio como niñera, posando para una foto junto al hijo de sus patrones.

A lo largo de siglos de esclavitud, la población afrodescendiente, a través de su habilidad y trabajo duro, fue clave en la agricultura y la ganadería como peones y mano de obra asalariada en las haciendas, labores o fincas para tareas de cultivos y cacaotales o en los ingenios y obrajes. También se dedicaron al cultivo del añil, de la caña de azúcar, de algodón y frutas; criaban ganado vacuno tanto para carne como para la producción de leche.

Pintura que explica las castas en la Colonia. En este caso, el cruce entre un español y un africano daba como resultado a hijos que eran denominados mulatos.

Casaban a sus hijas con agricultores igual que ellos y les daban como dote productos relacionados con la agricultura o la ganadería. Algunos de ellos fueron exitosos en sus empresas y llegaron a alquilar más tierras para sus cultivos, además de haberse establecido muchas familias en los barrios urbanos de ciudades y pueblos grandes, y adquirido allí casas. Algunos lograron ascender socialmente y llegaron a ejercer cargos públicos de menor rango, incluso a ser propietarios. Muchos mulatos se entrenaron en algún oficio, como sastres, zapateros, carniceros, herreros o carpinteros, y algunos llegaron a ser maestros del oficio, estableciéndose como tales.

SU INVISIBILIZACIÓN

De todos los países de Centroamérica, El Salvador es el único que no posee representación de afrodescendientes. A los salvadoreños se les ha presentado a lo largo de su historia el mito de que en el país no hubo africanos y mucho menos descendientes de estos. La supuesta ausencia de afrodescendientes en El Salvador es parte de una «amnesia cultural» establecida e impuesta en la mente de la sociedad  de nuestro país a principios del siglo XIX , cuando se le daba más valor social al mestizo de ancestro indígena y europeo y se excluía, por una cuestión de mero racismo, la ascendencia y participación del negro africano en la construcción social multiétnica del país. De tal manera, fueron borradas muchas de sus costumbres y tradiciones, y se les obligó a que se adaptaran a una cultura blanca y que desecharan la tradición africana.

Ilustración de la forma en que vivían los esclavos durante la Colonia.

Este proceso comenzó a finales del siglo XVIII, cuando se inicia la ladinización e invisibilización de la población de ascendencia africana. Asimismo, en la iglesia Católica dejaron de marginar la raza del recién nacido, dejando así de clasificarse a la población. Otra forma de invisibilización fue la de utilizar como apodos peyorativos y denigrantes las palabras «indio» y «negro»; estos términos hacían que nadie quisiera pertenecer a estos grupos étnicos por considerarlos indeseables.

Indígenas durante el proceso de recolección de café.

Con el correr del tiempo, aquellos salvadoreños que por conocimiento sabían que descendían de africanos, mantenían su legado en silencio pero orgullosos de sus raíces, es así que «en el último censo nacional de población de El Salvador, realizado en el 2007,  7,741 personas se declararon como afrosalvadoreños. Puede ser un porcentaje pequeño, pero en el 2007, cuando todavía no había habido una mención por parte del Estado de que El Salvador sí tiene población de origen africano. Ya que en el 2005, El Salvador, ante la Comisión de la Erradicación de la Discriminación y Racismo de la CERD, dijo que no posee personas africanas o negras porque no tiene costa atlántica, lo cual es una gran falacia», comenta el arqueólogo e historiador Heriberto Erquicia.

San Benito de Palermo, también conocido como Benedicto el Africano, el Moro o el Negro, era un monje y santo siciliano nacido en 1524. Se cree que nació cerca de Mesina en San Filadelfio, Italia. De origen africano y ascendencia aborigen, fue hijo de esclavos africanos. Sus padres pudieron trabajar en una plantación cercana a Mesina. Recibió la libertad de sus amos tras su nacimiento y en sus primeros años se ganó la vida como pastor; luego, a los 20 años, se hizo monje franciscano. Este santo es muy venerado por los afrodescendientes en América. En El Salvador es el patrono de la ciudad de Ereguayquín, Usulután.

«Luego del censo del 2007 y luego en el 2011, con la declaración de las Naciones Unidas como el año Internacional de los Afrodescendientes, en este sentido se le da una apertura a la temática desde las universidades y centros de investigación, porque hay que tener una base desde las ciencias sociales y humanidades como de las ciencias naturales, y desde las dos ramas de la ciencia se ha documentado que sí hay población afrosalvadoreña y hay costumbres afrosalvadoreñas. La labor hoy en día es presentar dónde están estos afrosalvadoreños, cuáles son sus prácticas culturales, cuáles son sus tradiciones, dónde los vemos en las fuentes coloniales o por qué es que desaparecen de nuestra cultura», añade Erquicia.

Pintura que muestra a esclavos negros trabajando en las plantaciones de caña de azúcar.

En la actualidad sí existen afrodescendientes en muchos pueblos y comunidades salvadoreñas. «Lo que sucede en El Salvador es diferente a lo que sucede en las islas del Caribe. Los africanos que llegan a esos lugares y radican ahí llegan a finales del siglo XVIII o en todo el siglo XIX, eso es lo que vemos ahí. Lo que vemos en el Pacífico centroamericano es lo que sucede exactamente en El Salvador: que el afrosalvadoreño ya no luce como nosotros tenemos la idea de cómo debería ser el africano, han pasado 200 años de un mestizaje, entonces ya no es el fenotipo de lo que nosotros pensamos que es el africano que vemos en la costa atlántica. Pero eso no quiere decir de que no hay», asegura Erquicia.

RESCATANDO LA HERENCIA

A partir del 2014 se instituyó en El Salvador el tercer sábado de agosto el Día de la Afrodescendencia Salvadoreña, que es un festival que conmemora a todos los afrodescendientes del país. «Lo que ha pasado a través de los años es que muchos países hacen homenajes a los afrodescendiente, no solo en El Salvador, pero sí en toda en Centroamérica. Este año celebramos el quinto aniversario de esta celebración y tuvimos delegaciones de Honduras y Guatemala», asegura Hugo Miller, un norteamericano residente en Jacksonville, Florida, quien se ha convertido en el promotor de esta celebración en nuestro país.

El norteamericano Hugo R. Miller es el promotor de la celebración del Día de Afrodescendencia Salvadoreña.

Pero ¿cómo es que este norteamericano se ha tomado como una misión personal venir todos los años al país y organizar este evento en una tierra que no lo vio nacer? «En un viaje que hice a El Salvador en el 2004 vine a Zacatecoluca. Cuando me bajé del autobús vi a lo lejos este monumento, y cuando me acerqué vi que era un monumento en donde había un hombre africano y me di cuenta que era en honor a los afrodescendientes, y me di cuenta que en El Salvador no había nada parecido.

Una de las estatuas en el monumento a José Simeón Cañas es un africano de bronce, sin grilletes y en libertad.

Luego que descubrí la estatua tomé un video y lo subí en YouTube, y lo que me sorprendió más fue que tuve cientos y cientos de vistas, pero la mayoría de personas que comentaban sorprendidos sobre este monumento eran salvadoreños que no sabían que existe y que no sabían la historia detrás de este. Entonces, mi misión a partir de ese momento, es mostrarle a todo el mundo la historia de los afrodescendientes en El Salvador», comenta Miller.

Otro de las esculturas en el monumento es una mujer africana levantando a un niño como símbolo de la libertad que gozan las nuevas generaciones de afrodescendientes.

Frente al monumento, Miller comenta la importancia de conmemorar y preservar la historia de los afrodescendientes en nuestro país. «Este monumento no solo conmemora la liberación de los esclavos africanos en El Salvador, Honduras, Panamá, Nicaragua, Costa Rica. Todos estos países poseen representación de afrodescendientes, de todos estos países El Salvador es el único país que no tiene este tipo de representación, pero sí la tienen –sabes a lo que me refiero–, solo que es desconocida. De ahora en adelante todos los países la tendrán, incluyendo El Salvador», asegura Miller.

La hondureña Exenia Mann, miembro de la delegación de la Isla de la Bahía quienes participaron en la conmemoración de la afrodescendencia salvadoreña.

«El significado de esta conmemoración es mantener la memoria africana viva. Lo que encontré es que África, que es un gran continente, no poseen ninguna información sobre Centroamérica. No hay embajadas o consulados. Entonces mi idea es traer información de África a Centroamérica y visceversa. Considero que es mi misión en que cada año debo venir acá y realizar este homenaje, no solo a los descendientes de africanos, sino también a los descendientes de los indígenas.

Miembros de las diversas comitivas que participaron en la conmemoración de la afrodescendencia salvadoreña posan frente al monumento de José Simeón Cañas.

 

Debes de comprender que cuando los africanos vinieron a Centroamérica desconocían muchas de las cosas para sobrevivir (agua, comida)  y los indígenas les proveyeron de esto y les enseñaron cómo sobrevivir. Por esto es que cada año debo de venir acá y rendirles homenaje. Para que este legado se mantenga vigente en la mente de todos, por eso debe ser realizado todos los años el último sábado de agosto», concluye Miller.

Representantes de grupos de afrodescendientes de Honduras, Guatemala y EUA, durante la celebración del Día de la Afrodescendencia Salvadoreña en Zacatecoluca.

 

 

 

 

 

1 thought on “AFRODESCENDENCIA

  1. Excelente nota, muy completa, Aurelio. No hay duda que en nuestra tierra hay una mezcla de diversas culturas que ahora nos han convertido en un país de diferentes razas. Muy buen blog, sigue adelante con tu trabajo y recorriendo destinos interesantes de nuestro bello país. Un saludo

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