TOUR TRIFINIO | Parte III: tierra del color

Amanecimos en La Palma en una mañana con bastante viento y mucho frío, algo que nos motivó para ir a conocer esta pequeña población del norte de El Salvador llena de mucha actividad comercial y turística. Debido a que es una ciudad de entrada desde Honduras la cantidad de camiones y vehículos pesados realmente nos puso estresados en estas pequeñas calles, a nosotros nos pareció incómodo, pero al parecer los pobladores ya se acostumbraron a este constante ir y venir de gente.


Esta ciudad norteña fue fundada en 1815 y se encuentra a 12 kilómetros de la frontera con Honduras y a 84 km de la ciudad de San Salvador.  Se ubicada a 1,056 msnm lo que hacen que el clima sea fresco durante todos los días del año.

Datos curiosos de La Palma podemos citar:

  • La Palma pertenece al municipio del mismo nombre, en el departamento de Chalatenango. Dicho municipio comprende aproximadamente 136 kilómetros cuadrados, mil doscientas casas y tiene una población aproximada de trece mil habitantes en el área urbana y siete mil en el área rural.
  • Esta hermosa ciudad posee una extensa vegetación gracias a su ubicación en las alturas. La ciudad es privilegiada con el don del agua pura y cristalina, el líquido elemento es abundante.
  • La población de La Palma también es única en El Salvador, ya ellos son producto de una mezcla de indios y criollos, lo cual predomina en todo el lugar. Sin embargo, en las zonas más altas de la ciudad, habitan las personas con más características criollas que indias (tez blanco, ojos azules o verdes y cabello rubio).
  • Según datos estadísticos de la ciudad, el 75 por ciento de los habitantes se dedica a las artesanías y el restante 25 por ciento se dedica a la agricultura, especialmente al cultivo de hortalizas, maíz, frijol y café.
  • El gentilicio de los habitantes de La Palma es: palmeños.
  • La montaña El Malcotal es la que específicamente pasa por la ciudad. La cual pertenece a la gran Cadena Central o Sierra Madre, que se extiende desde la parte costera de los Estados Unidos hasta los países suramericanos, que colindan con el Océano Pacífico.

Llena de color

Una de las principales fuente  económicas del municipio, después del turismo, son sus artesanías. En la ciudad existen aproximadamente 100 talleres en donde se elaboran artesanías a mano. Las mayoría son en madera y cerámica y constituyen un generador de fuentes de trabajo para los pobladores. Pero hace 40 años La Palma no era la ciudad tan próspera y pujante como lo es hoy en día.

Sus calles eran de tierra y el tránsito por el lugar no es el de hoy en día. A esta población llegó un salvadoreño en aquellos tiempos aseguran eran un hippie un artista, Fernando Llort, recientemente fallecido, quien empezó un fenómeno de conversión artesanal que lo involucra a él y a varias generaciones de palmeños. Dejó a través de su arte un legado que muchos pobladores continúan perpetuando y es su peculiar trazo multicolor que ha hecho famosa a nivel internacional a La Palma. Fernando Llort llegó a esta ciudad desde pequeño cuando venía con su padre a visitar un terreno que tenían en la localidad. Desde ahí se fue enamorando de este pedacito de cielo en El Salvador.

Antes de radicarse en La Palma quiso ser cura. En 1972, estuvo en un seminario en Colombia y Francia. Allí estudió filosofía y psicología. Pero, al final su destino era otro y cuando regresó a El Salvador se fue directo a La Palma. No se sabe si buscando el amor de una palmeña o es que se andaba buscando a sí mismo. Era un hippie. Llegó junto con otros amigos de pelo largo y collares de “peace and love”. Era conocido en todo el pueblo por armar  unos desmadres buenos, ya que cantaba en un grupo llamado “La banda del sol”.

En ese mismo año se casa con Estela Chacón, la palmeña que flechó su corazón, y definitivamente se quedó en La Palma. Luego funda en un terreno un taller al que llamó ¨La semilla de Dios¨, en donde junto a su esposa empezaron a probar hacer artesanías. Ahí pernoctaban algunos de sus amigos hippies, de esos que pasaban quemando incienso, tocando guitarra o flauta, o tarareando música de Los Beatles o de Violeta Parra.
En aquellos tiempos La Palma era un lugar silencioso y tranquilo, interrumpìdo ocasionalmente por uno que otro camión que venía de Honduras, por tanto, la algarabía de Llort atraía a los jóvenes del pueblo que querían ver qué es lo que así este hombre peculiar. Llort les dio acogida y les enseño a dibujar y hacer artesanías  con su peculiar estilo.
Muchos recuerdan que él les decía que fueran a la escuela y que luego regresaran a aprender a dibujar en su taller. Llort siempre comenzaba y terminaba su jornada de trabajo, con una oración a Dios. Y les inculcaba a sus alumnos que hicieran bien las cosas que procurarán mantener la calidad, que les gustara lo que estaban haciendo que no lo hicieran solo por dinero, sino con sentimiento. Que fuera artesanía de calidad. Que fuera de verdad una obra de arte.

Esos niños y jóvenes que llegaban a aprender a hacer artesanías en el taller de Fernando Llort ahora son los dueños de talleres o continúan trabajando en las cooperativas de artesanos que hay en la ciudad. La semilla que Fernando Llort sembró en La Palma continúa dando frutos.
En nuestro recorrido por la ciudad visitamos la cooperativa fundada por Llort. Fundada en agosto de 1977  la cooperativa La Semilla de Dios tiene como objetivo principal ser una fuente de ingresos creando trabajo para los que forman parte de la cooperativa. La mayoría de las familias que aquí laboran trabajan tanto en la elaboración de artesanías como en las ventas. Existen diversos trabajos especializados como la carpintería y pintado a mano siguiendo las técnicas artísticas por heredadas por Fernando Llort.
Las piezas son pequeñas obras de artes que siguen un proceso ya establecido y que nacen en el taller de carpintería, luego en el de pintura, retoque y acabado. Los motivos son diversos como paisajes, momentos de vida en La Palma y los de tipo religiosos. Esta cooperativa exporta sus productos artesanales, mobiliarios y objetos tallados y pintados – como cruces, cajas, decoraciones navideñas – hacia Canadá, Estados Unidos, Centro América y Europa (Alemania, Austria, España, Italia y otros países).
Ahora la cooperativa tiene 42 años de haber sido fundada por el mismo Fernando Llort quien dejó este legado que ha dado empleo a varias generaciones de palmeños. Uno de ellos es Domingo Chacón, quien tiene de trabajar en esta cooperativa desde hace 27 años, nos comenta que ¨aquí se trabaja bastante artesanía para exportación. Aquí el que manda es el cliente es quien hace los pedidos y lo que producimos localmente se queda un 25% y lo demás es para exportación¨, comenta.

Domingo Chacón, quien tiene 27 años de trabajar en La Semilla de Dios.

Chacón trabaja en el proceso de carpinteria y recuerda sus inicios. ¨Hoy ya es diferente como cuando yo comencé, ya hay más maquinaria, mejor que la que teníamos antes y esto nos ayuda a tener más producción¨, concluye.
En el área de acabado se encuentra Omar, quien tiene 13 años de trabajar en la cooperativa y es hijo de Domingo. ¨Mi trabajo es completar las piezas con el delineado¨, dice Omar quien con un Rapidograph en mano realiza el delineado característico de la técnica que les heredó de Fernando Llort. En el taller existen diversas áreas  a pesar que estamos en enero ya están elaborando piezas navideñas.

 

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