¿La web nos ayuda a ser más o menos creativos?

No cabe la menor duda de que gracias a Internet, y sobre todo, a la herramienta World Wide Web, que se ejecuta aprovechando la conectividad, hemos logrado tener acceso a mucha más información y comunicaciones, como nunca antes en la humanidad lo habíamos experimentado. No sólo en cantidad, sino también es importante la variedad y la velocidad con la que tenemos acceso a nuevas publicaciones, descubrimientos, conceptos, análisis, y todo tipo de documentos que pueden resultar inspiradores en más de una forma.

Por su parte, la creatividad y la innovación, esas características que la humanidad ha utilizado durante toda su existencia para hace avanzar el desarrollo y para resolver problemas de todo tamaño y naturaleza, deben ser fomentadas y estimuladas para alcanzar su plenitud en cada ser humano.

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Los estudiosos de la creatividad y la innovación señalan varios aspectos que nos ayudan a utilizar esa parte de nuestro cerebro y habilidades. Entre éstos se encuentra el horizonte de la solución, es decir, la amplitud del panorama en la que cualquiera de nosotros puede buscar los elementos para aportar una solución creativa. Por esta razón, por ejemplo, la posibilidad de viajar fuera del país, si es bien aprovechada, puede generar muchas ideas para ejecutar al volver.

También es importante el contexto que nos rodea, así como la actitud con la que vemos, o dejamos de ver, los objetos y conceptos con los que debemos trabajar. No es lo mismo laborar en un ambiente que invita a la rutina o que cada uno de nosotros se complazca en las actividades rutinarias, que tener los estímulos frecuentes, tanto desde el entorno como desde nuestro interior.

La frase “pensar fuera de la caja” es una fórmula que, aunque se dice de forma muy sencilla, encierra tanto una buena cantidad de retos personales para llevarlo a cabo, como una serie de implicaciones internas y externas que lo puedan hacer posible. Es más cómodo, fácil y hasta cierto punto, más normal, quedarse dentro de los confines de lo conocido.

El ambiente en la web

Pensando en estos elementos y aspectos, cabe preguntarse si las características del servicio de la web pueden apoyar los procesos mentales de los seres humanos que navegamos en la web, para estimularnos a ser más o menos creativos.

En principio, y sobre todo en los orígenes de la web, parece bastante claro que la web amplió de forma impresionante nuestro horizonte de solución, al permitirnos acceder a miles de piezas de información, en varios formatos, que contienen datos, figuras, planos, textos, etc. que nos permiten conocer de soluciones a nuestros problemas, provenientes de distintas partes del mundo, muchas de ellas compartidas de forma abierta y generosa.

El ambiente propiciado por esos mecanismos de búsqueda y “serendipia”, entendida ésta como el “hallazgo sorpresivo afortunado”, del que hay varios ejemplos en la historia de la ciencia y el arte, en el que podemos explorar el conocimiento registrado en Internet sin someternos a un patrón, orden o sistema, se convierte en un estimulante a la creatividad.

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De igual modo, nuestra actitud puede ser aventurera y hambrienta de nuevos conocimientos y planteamientos que nos inviten a seguir pensando sobre el tema bajo estudio y análisis, provocando que generemos ideas y propuestas que, después de un proceso de refinamiento, puedan convertirse en las concepciones innovadoras que resuelvan los problemas.

El enfoque personalizado no ayuda

Cuando nos reunimos con amigos y colegas que piensan como nosotros, que tienen nuestros mismos antecedentes, con los que vemos y conocemos las mismas noticias, la misma cultura, participamos de los mismos eventos y problemas, y escuchamos a los mismos proponentes de soluciones, es muy difícil pensar fuera de la caja.

Lo mismo sucede con la actual “inteligencia” alojada en la web. A través de nuestro comportamiento en el ciberespacio, la web nos llega a conocer de tal forma que se anticipa a nuestras necesidades, y nos sugiere constantemente artículos para consumir, cosas para comprar y sitios web dónde ir, de acuerdo a su análisis de nuestros gustos, preferencias, ideología, principios, religión, ubicación, formación y personas, colegas y amigos cercanos.

Esto significa que la web personalizada actual no nos ayuda a ampliar nuestro horizonte de solución, no favorece el contexto necesario para incitar la innovación y creatividad, y nos vuelve un tanto pasivo, pues nos conformamos con los resultados de la búsqueda que nos facilita y probablemente hacemos caso a las recomendaciones que nos hace en forma automática.

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Es importante, por tanto, buscar un balance de nuestras fuentes de información. Busquemos y aceptemos en redes sociales a personas que piensan diferente, acudamos a las bibliotecas y librerías y veamos la variedad de títulos de libros, vayamos a conferencias y presentaciones de temas que no nos son familiares ni atractivos. No cerremos nosotros mismos la caja de nuestra creatividad.

 

 

Si no estás pagando por algo, tú no eres el cliente; eres el producto que se está vendiendo

Con distintos matices y versiones, la frase que da el título a esta entrada, acuñada por Andrew Lewis en el sitio web MetaFilter, ha sido repetida y publicada en diversos formatos, y se conoce ya desde hace algún tiempo, planteando en forma sintética una realidad que nos acompaña a los usuarios de Internet y que forma parte de la nueva dinámica económica y social mundial.

La afirmación contenida en la máxima debe ser asumida dentro del contexto de la Internet que vivimos y usamos, en la que abundan los ofrecimientos gratuitos para suscribirse a algún servicio; para descargar sin costo libros, gráficos, fotos, música, películas, software, planos, vídeos; para cargar y presentar nuestra producción literaria, fotográfica o artística libre de cuotas o tarifas; para realizar copias de nuestros archivos, presentaciones y documentos sin pagar un centavo; y para realizar una serie de actividades y funciones, todas libres de costo.

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La tradición de proveer servicios y productos en forma generosa y solidaria está en la génesis misma de Internet. Recordemos que millones de líneas de código, en programas informáticos que hacen miles de tareas, pequeñas y grandes, y que nos permiten hoy en día realizar una gran cantidad de actividades, han sido donadas por miles de programadores y diseñadores alrededor del mundo, con el único propósito de contribuir a hacer mejor las cosas.

Bajo esa cultura de gratuidad, nativa de Internet desde sus primeros días, no ha sido extraño que recibiéramos servicios de cuentas de correo, navegadores y otras aplicaciones en forma gratuita y, al menos aparentemente, sin compromisos de ningún tipo.

La burbuja “Dot com” y su evolución

Fueron muchas las empresas que durante el período que se conoció como la burbuja “Dot com”, cuando Internet comenzó a masificarse, pensaron que esa proliferación de un servicio como la conectividad podría abrir las puertas a nuevos negocios y a la generación de riqueza individual y empresarial.

El problema en ese entonces es que los modelos de negocio planteados se basaban casi exclusivamente en la venta de publicidad que acompañaba los portales de los servicios gratuitos, lo que no era atractivo ni efectivo para los usuarios. Por esa razón, la mayoría de esos negocios no prosperaron, y más bien quebraron rápidamente.

Google y Amazon fueron de los primeros servicios que proveyeron su servicio original de búsqueda en forma gratuita, y aunque lograron obtener ganancias a partir de la publicidad, lo hicieron sobre todo a partir de un modelo de negocios innovador, que contaba como su activo más importante a la información de los millones de usuarios del buscador o la tienda le dejan sin ningún costo, sin necesidad de preguntarla directamente y sin un requerimiento de permiso explícito y claro por parte del usuario, aparte de la letra pequeña en el acuerdo que todos aceptamos al suscribir estos servicios.

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El premio que los usuarios recibimos a cambio de usar esos servicios gratuitos y proveer casi sin saberlo muchas piezas de información personal sobre nuestros gustos, preferencias, simpatías, hábitos y necesidades, es una personalización de nuestros recorridos en la web. Si consultamos en Google sobre un tema particular, es posible que en la próxima visita a Amazon nos ofrezcan, como por arte de magia, un libro o una película sobre el tema, y que veamos esas imágenes también en Facebook.

La personalización posible es tal que aun los resultados de una búsqueda similar en la mayoría de buscadores en Internet serán diferentes para cada usuario, basado en su historia personal anterior en la web.

Somos el producto a la venta

Aun así, esa es apenas una de las consecuencias que el alto volumen de información personal colectada a partir de cada uno de nuestros “clics” y decisiones en la web. El principal producto que es sujeto de comercialización entre los grandes proveedores de servicios, contenido y productos son los datos personales de cada uno de los millones de usuarios de las redes sociales, buscadores y sitios de comercio electrónico en el mundo.

No estamos hablando de las clásicas piezas de información personal como dirección, fecha de nacimiento, religión, salud, etc., sino a hechos como el tiempo invertido en un sitio web, fotografías subidas, amigos seleccionados, artículos y blogs leídos, orientaciones políticas, sexuales, religiosas, de las personas que aceptamos como amigos, etc.

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Lo que los analistas afirman entonces es que esa personalización también sirve al propósito de ofrecer mercancía y contenido con más posibilidades de que sea consumido por cada uno de nosotros, y es esa colección inmensa de información el producto del que formamos parte, y que se comercializa entre los grandes proveedores de contenido de Internet.

No hay almuerzo gratis, y los servicios que usamos en Internet en forma gratuita están obteniendo de cada uno de nosotros información sobre hábitos, gustos y costumbres, la que se vuelve el atractivo producto comercializado entre grandes empresas que saben cómo monetizarlo para su provecho. Ahora ya lo sabemos, y podemos comprender cómo la personalización extrema que experimentamos en la actualidad en la web es también, tras bambalinas, el precio que pagamos y que nos convierte en el producto a la venta.

 

 

El legado de un gran ingeniero a un país que ni siquiera conoció

Al final de este año 2015, en diciembre, estaremos celebrando 20 años de que nuestro país, El Salvador, se conectó en forma dedicada a Internet. Ya hemos publicado en este blog y en otros sitios una pequeña parte de la historia de Internet en El Salvador, pero siempre habrá detalles y perspectivas que agregar, tanto antes como después de dicha conexión.

Varios países de Latinoamérica y del mundo habían logrado conectarse a la red de redes algunos años antes, terminando la década de 1980 y en los inicios de la siguiente. La ampliación de la red Internet fue un fenómeno no planificado y de relativo bajo perfil, que sin embargo, como sabemos en la actualidad, tuvo repercusiones y efectos que han significado cambios cualitativos en la forma de vida y trabajo de todo aquel que tiene acceso a la misma.

Desde la perspectiva tecnológica, verdadero origen de la herramienta más poderosa creada en varios siglos, los avances en los inicios de Internet, allá por 1969, en parte se deben a uno de los principales creadores e impulsores de varios elementos técnicos de la Red que aún se mantienen: Jon Postel (6 Agosto 1943 – 16 Octubre 1998).

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En esta fotografía, tomada en el evento INET 1997, en Malasia, tuvimos el honor de haber compartido unos momentos con este distinguido ingeniero, un poco más de un año antes de su fallecimiento. Nuestra relación, sin embargo, había comenzado algunos años antes.

Su legado

Mucho se ha dicho y escrito sobre los aportes de Jon Postel al avance de Internet en el mundo. Por ejemplo, en uno de esos muchos sitios en los que se comenta su trabajo, figura la cita que el entonces presidente Bill Clinton ofreció en su memoria, un mes después de su muerte: “Aunque su vida fue demasiado breve, Jon Postel ha hecho enormes contribuciones al curso del progreso humano. Como un científico informático, ingeniero y diseñador, jugó un papel fundamental en la creación de la ARPAnet y su descendiente, la Internet. Con la visión, inteligencia y una insistencia rigurosa en la simplicidad y la elegancia del diseño, él ayudó a establecer y gestionar el crecimiento y el desarrollo de Internet. Debido a sus esfuerzos, personas en todo Estados Unidos y alrededor del mundo tienen un acceso prácticamente ilimitado a un universo de conocimiento”.

Para que Internet funcionara, todos los computadores del sistema debían tener una dirección única que los humanos pudieran entender fácilmente. Postel inventó este esquema de direccionamiento: Cada computador en Internet tiene su propia dirección numérica, pero debido a que los seres humanos no se ocupan de números tan fácilmente como lo hacen las computadoras, el esquema de Postel traduce los números a palabras, por lo que los usuarios pueden encontrar una dirección como “www.misitio.edu.sv”.

En un principio, el número de equipos de la red era muy pequeña, y Postel llevaba la cuenta de ellos en pedazos de papel. Con el tiempo, el papel no fue suficiente, y la Internet Assigned Numbers Authority (IANA) entró en existencia en el Instituto de Ciencias de la Información de la USC, bajo contrato federal para gestionar el sistema de direcciones. Postel se convirtió en director de IANA, conservando el cargo hasta su muerte.

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Postel tuvo otro papel aún más crucial en Internet. Durante más de un cuarto de siglo, Postel se desempeñó como editor de la solicitud de comentarios (RFC, por “Request For Comments”), serie de notas técnicas, que comenzó con los primeros días de la ARPANET. El nombre de “solicitud de comentarios” refleja la naturaleza libre y abierta de Internet y fue acuñado por el amigo de Postel y pionero de Internet Stephen Crocker.

Las RFC sentaron las bases de las normas técnicas que rigen el funcionamiento de la Internet y son, en efecto, los estatutos globales de la Red. Estas reglas permiten a las computadoras comunicarse, y Postel fue el más importante del pequeño número de personas que lograron el proceso de llegar a un consenso en, literalmente, cientos de acuerdos técnicos que mantienen el funcionamiento de Internet. Hoy en día, hay millones de servidores en Internet, y la única razón por la que pueden comunicarse de forma fiable, continua y sin problemas se debe a que ingenieros de todo el mundo fueron capaces de ponerse de acuerdo sobre las normas y protocolos que los rigen.

Otro rol más cercano

Adicionalmente, para lograr la expansión de Internet en el mundo, como director de IANA, Jon Postel tenía una tarea muy particular, que provocó que nos conociéramos en forma remota, en septiembre de 1994.

En esa fecha, quien escribe realizó las solicitudes respectivas a IANA para obtener la administración del nombre de dominio superior SV, correspondiente a El Salvador, así como un bloque de 65 mil direcciones IP para ser utilizadas en la conectividad de nuestro país a Internet.

La persona que recibió, tramitó, decidió y respondió afirmativamente ambas solicitudes fue Jon Postel. A partir de entonces, el 4 de noviembre de 1994, fecha oficial en que se fija el registro del dominio SV, la tarea de desarrollar Internet desde la perspectiva tecnológica en esta nación fue encargada, simbólicamente, por Jon Postel a quien esto escribe.

Firma Jon Postel
Lito: Deseándote la mejor experiencia en la Internet. Jon Postel.

Tres años después, al conocernos personalmente en 1997, pudimos confirmar que ya El Salvador estaba conectado directamente a Internet, aunque todavía faltaban, y aun es así, muchas personas y regiones por conectar y lograr obtener provecho de dicha conexión.

El deseo de Postel hacia este servidor ha sido cumplido, al haber logrado muchas buenas experiencias en el desarrollo del Internet salvadoreño. Seguimos comprometidos con ese propósito y esperamos seguirlo haciéndolo en la medida en que sea posible.

 

 

Las fortalezas y el potencial de los emprendedores tecnológicos

Comenzando el año, no es extraño que por una mera actitud psicológica, después de unos días de descanso, vengamos a cambiar de calendario, botando la última hoja del anterior, escribiendo una nueva cifra en todos los documentos fechados y abriendo nuevas carpetas para clasificar correspondencia, pero sobre todo con ganas e impulso para iniciar nuevos proyectos.

Frases que inspiran, modelos admirados, consignas a seguir, metas propuestas, anhelos rezagados, ideas innovadoras, sueños pospuestos, nuevos deseos. Todas son fuente de motivación para la energía creativa y emprendedora que tenemos los seres humanos, y que ha provocado la mayoría de adelantos científicos, tecnológicos, culturales y artísticos que la humanidad ha vivido. Todos comienzan a partir de la voluntad de una persona, y arrancan con el primer paso.

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Lo mismo puede ser dicho de todo emprendimiento personal de cada uno de nosotros. Además del propósito y la voluntad, es necesario trazar un plan, aunque sea mínimo, dotarse de paciencia y tolerancia a los posibles retrasos temporales, y saber manejar los altibajos de toda iniciativa y proyecto, administrando los éxitos y analizando los fracasos, sin dormirse en los laureles o perderse en los lamentos.

Se ha dicho de varias formas que el triunfo en los emprendimientos es 10% inspiración y 90% transpiración, queriendo decir que no es suficiente una buena idea, sino que muchas veces es más relevante el trabajo, la dedicación y sobre todo la correcta puesta en práctica de la misma, como negocio, si es el caso, o como actividad personal, si es un objetivo más particular.

Fortalezas necesarias

Dentro del campo de la tecnología, hemos sabido desde hace años que es posible, aun para habitantes de países como el nuestro, que carecen de muchos recursos naturales, lograr destacarse en las diferentes, vastas y ricas disciplinas que existen en este campo, ya que el principal requisito es conocer y entender cómo funciona la tecnología por un lado, y por el otro encontrar una necesidad que pueda ser resuelta por medio de dicha tecnología.

Hemos observado en eventos a nivel nacional en los pasados dos o tres años, tales como Desarrollando América Latina, distintos hackatones, los retos de los distintos “apps challenges”, concursos locales, presentaciones en las jornadas de Día de Internet y el LAN Party, los trabajos e intercambios en Campus Party, el Startup weekend, el certamen del Premio Pixels, la semana de la innovación, las ferias de ciencia y tecnología, los eventos de robótica, la copa Kodu de juegos de vídeo, los eventos de docentes innovadores, y muchos más, que hay talento en los jóvenes salvadoreños que participan en estos eventos.

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Es necesario continuar puliendo esos talentos, para que sean competitivos a escala mundial. Por ahora, muchos de estos proyectos e ideas están llenas de entusiasmo y trabajo, pero deben ser fortalecidas con elementos de mercadeo, finanzas, comercialización y, sobre todo, planes de negocio que garanticen sostenibilidad.

Para buscar desarrollar éstas y otras habilidades y fortalezas, se han desarrollado esquemas tanto desde el sector público como privado, que incluyen instituciones promotoras, fondos concursables, apoyos no reembolsables, organizaciones incubadoras, parques tecnológicos y otros programas de soporte e inversión, así como formación de recursos humanos, de equipos multidisciplinarios y de empresarios padrinos.

Un potencial por descubrir y animar

Muchos de nuestros jóvenes tienen la inquietud, el gusto y la voluntad para realizar grandes proyectos. Algunos tienen buenas ideas para realizar negocios, y tienen claro que su mercado potencial es tan grande como el mundo. Pero son muy pocos los que, además, cuentan con las habilidades o el acompañamiento para persistir en la concreción de ésas y otras ideas que les puedan rendir beneficios a ellos, sus familias y el país.

A los mayores, seamos empresarios, académicos, inversionistas, funcionarios o simplemente entusiastas del desarrollo del país por medio de los esfuerzos tecnológicos, nos toca trabajar en conjunto con los emprendedores para buscar y encontrar formas de apoyo y refuerzo, para cultivar las competencias que son necesarias y aun no están desarrolladas, para que los productos y servicios de alto contenido tecnológico y mucho valor agregado, comercializables en el mercado mundial, sean competitivos y atractivos para los millones de consumidores y compradores por medio de Internet.

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Nuestro país tiene muchos problemas. No hay duda. Pero también cuenta con grupos de jóvenes y adultos que creemos en nosotros mismos, específicamente dentro de las disciplinas tecnológicas que representan mercados potenciales en el mundo. Es necesario que, al mismo tiempo que se abordan las soluciones a los problemas actuales, veamos en paralelo la forma de hacer posible ese desarrollo a futuro, antes incluso de que logremos ver resultados en otros aspectos. Es el equivalente de lanzar una vanguardia de negocios, a cargo de nuestros entusiastas jóvenes.

Esperemos y trabajemos para que este año que inicia podamos contribuir, entre todos, a encontrar, estimular, desarrollar y convertir en productivo y rentable a la tecnología de información y comunicaciones, como un motor de la economía que nos permita encaminar nuestro país hacia el progreso y desarrollo humano, social y económico.