El ataque que ha hecho querer llorar a miles de personas

Los medios de comunicación han provisto una amplia cobertura al ataque con un malware (pieza de código programático malicioso, con malas intenciones) que comenzó el 12 de mayo recién pasado, alcanzando a miles de computadores usando el sistema operativo Windows, en varias versiones, específicamente aquellos equipos que no habían actualizado los parches publicados por Microsoft en marzo de este año 2017.

El ataque, conocido por “Wannacry” o “Wannacrypt”, se considera del tipo ransomware, puesto que secuestra archivos de información de los equipos afectados, los convierte en archivos encriptados, es decir, elimina los originales y los re-escribe de una forma que no es recuperable por el usuario, y luego exige un rescate (“ransom”, en inglés) para devolverlos a su forma original.

Ante esta situación, la mayoría de usuarios afectados lamentarán mucho esta situación, y de ahí el juego de palabras en el nombre adoptado: muchos querrán llorar al ver sus archivos y datos inaccesibles.

Sin embargo, aunque la prensa mundial lo ha calificado como uno de los peores ataques en la historia, algunos analistas expertos consideran que la cobertura mediática ha sido excesiva, dados los efectos reales que se han visto, sobre todo en el pago del rescate demandado.

¿Cómo funcionaba este malware?

El código atacante aprovechaba una vulnerabilidad en el protocolo SMB (Server Message Block), utilizado por los sistemas operativos de Microsoft para compartir archivos. La vulnerabilidad había sido corregida por Microsoft en marzo de este año, por medio de parches y actualizaciones publicados y distribuidos por la compañía.

Dado que no todos los equipos actualizan de forma automática sus sistemas operativos, y había algunos, como Windows XP, que ya no recibían actualizaciones, se encontraba un importante número de computadores expuestos y vulnerables alrededor del mundo.

Estudiado, analizado y descubierto por un investigador inglés de malware de 22 años, que ha solicitado permanecer en el anonimato, la primera oleada del ataque fue detenida. Parte del código del malware, analizado por expertos, buscaba la resolución de un nombre de dominio ficticio y probablemente inexistente. Si la resolución fallaba, que era lo esperado, el código malicioso infectaba el equipo; si la resolución del dominio era exitosa, el malware suspendía el ataque.

La razón de esta lógica es que los atacantes no quieren ser descubiertos por los investigadores de malware, que en sus laboratorios de prueba resuelven artificialmente la resolución de dominios para detectar y contrarrestar estos ataques. Entonces, si un equipo resuelve el dominio, el código atacante no hace nada malo y suspende su ataque a ese equipo.

¿Se resolvió por accidente?

Cuando después de varias pruebas y simulacros, así como interacciones con otros colegas, el investigador británico detectó cuál era el nombre de dominio usado por los atacantes, de inmediato lo registró legítimamente, para que todos los computadores atacados de ese momento en adelante, pudieran resolver exitosamente el nombre dominio.

En estos laboratorios de investigación de códigos maliciosos, virus y ciberataques, el registro de nombres de dominio como éste es una práctica remedial común, y por tanto tienen métodos y procesos expeditos para hacerlo. La resolución de este caso no fue un accidente, sino el trabajo eficiente de un experto, dotado del conocimiento, experiencia y herramientas para contrarrestar estos ataques.

Según analistas, la recolección de dinero de rescate, solicitado en Bitcoin, la moneda digital, no ha superado el equivalente de $80,000 entre un número relativamente bajo de víctimas que han pagado, por lo que no parece haber tenido un gran impacto real. De la misma forma, no se ha detectado que los recipientes del rescate hayan querido utilizar ese dinero digital, probablemente para evitar ser rastreados.

No hay duda que los ataques de este y otros tipos continuarán, y probablemente serán peores, más sofisticados y de mayor alcance. Al usuario final y a los soportes informáticos les compete mantener actualizado sus equipos y servidores, y a los expertos en seguridad continuar estando alertas y en continua ampliación de sus conocimientos y experiencia.

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