El futuro de Internet y la brecha digital

Internet dejó de ser solamente un desarrollo tecnológico de la humanidad desde que los primeros usuarios compartieron información y documentos de variadas disciplinas y distintos niveles de conocimiento; desde que algunos innovadores dieron a conocer características de bienes y servicios, y cómo adquirirlos; desde que se pudieron transmitir en la red objetos y elementos activos que abrieron una serie de oportunidades y posibilidades a los más aventajados.

Una vez comprendido el medio y sus alcances, la imaginación y creatividad de muchas personas alrededor del mundo comenzó a poblar la red con innumerables formas de compartir, publicar, y obtener provecho personal, organizacional, empresarial y nacional, de tal suerte que la economía, el comercio, la política y todas las actividades de la humanidad fueron transformadas, o al menos matizadas por el uso de la red.

Si bien la tecnología subyacente ha manifestado algunos cambios desde su concepción original, éstos son mínimos comparados con las modificaciones que se han dado en otras áreas circundantes, más relacionadas con la forma en que se usa la tecnología, lo que se hace en la red, y el acceso legítimo a bloques de información.

Sin embargo, si bien la tecnología habilitadora se puso a disposición del mundo casi de inmediato, desde la perspectiva de los derechos de autor y la propiedad intelectual, la implementación y el ulterior desarrollo de la conexión y cobertura geográfica, así como el aprovechamiento comercial, económico, social y cultural de las aplicaciones sobre la red, ha sido muy heterogénea en el mundo.

Brechas geográficas, culturales y generacionales

Las diferencias entre hemisferios, entre países, entre regiones dentro de un mismo país, crecen cada vez más, en una carrera difícil de igualar. Existen áreas de gran extensión que aun no cuentan con cobertura y conectividad adecuadas a Internet, principalmente porque no representan una fuente de ingresos para los proveedores, lo que a su vez está vinculado a los motores de economía, niveles de ingreso, capacidad de pago y a las actividades productivas de estas regiones.

La familiaridad y facilidad con que las personas de un país o región utilizan las aplicaciones y procesos que combinan equipos y programas digitales establece otra diferencia. Desde la propagación de la cultura digital mínima, que permite a los pobladores sentirse cómodos y productivos en la interacción con dispositivos, máquinas y aplicaciones digitales y electrónicas, hasta la posibilidad de lograr productividad y calidad usando computadores, sensores, móviles, la distancia se hace cada vez mayor.

Las generaciones más jóvenes han sido más temerarias y abiertas a la aceptación de la nueva cultura, pero en general aun no superan la fase de impresión y uso lúdico y banal. Es a un ritmo lento que nuestras poblaciones se asoman al aprovechamiento de las tecnologías para generar riqueza. Las necesidades financieras de los jóvenes que usan las tecnologías contemporáneas no siempre los orientan a buscar la productividad.

Estas son algunas de las diferencias en el nivel de desarrollo, aceptación y adecuación de las personas al uso de las tecnologías. A ellas se puede sumar los niveles de capacidad y competencia para desarrollar nuevos dispositivos y aplicaciones, darles mantenimiento, configurar y proteger las redes y servidores, y proveer un servicio de calidad.

¿Se pueden cerrar las brechas?

Una posible estrategia para lograr sacar provecho a la red en nuestros países menos desarrollados es apoyar y fomentar la especialización, en todo sentido.

Los economistas deben discutir sobre la economía basada en las TIC y el conocimiento y, sobre todo, deben aportar propuestas de cómo encaminar nuestros países en ese rumbo; los sociólogos y sicólogos investigar y generar formas de comportamiento humano colectivo e individual que faciliten la interacción digital. Cada científico, desde su campo de estudio, debe analizar el impacto del uso de estas tecnologías en su área del saber, tanto como una herramienta de observación y medición, como un mecanismo de transformación de sus elementos.

La conectividad y el acceso general son una condición necesaria, pero no suficiente. Algunas políticas públicas han evolucionado, reconociendo que el compromiso va más allá de elevar la tasa de penetración en un país. Más relevante, incluso, es posibilitar el dominio productivo y provechoso de las herramientas tecnológicas.

Las brechas de todos los tipos que existen y que crecen continuamente pueden y deben ser contrarrestadas, por medio de iniciativas creativas y dedicadas, no solamente de parte de los gobiernos, sino también de la sociedad civil, el sector privado, la academia y la comunidad técnica. Como al inicio de Internet, la generosidad, solidaridad y espíritu de colaboración pueden hacer que las diferencias se vayan reduciendo. Sin embargo, el tiempo que nos tome hacerlo nos aleja de ese objetivo.

 

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