Internet es el espejo de la humanidad

Se ha dicho de Internet que es la mayor biblioteca desordenada del mundo; el más veloz y eficiente medio masivo de comunicación; la herramienta más poderosa para hacer comercio y negocios; el aula más extensa y diversa para el aprendizaje; la esencia de la libertad de expresión; una de las naciones más grande del planeta; la vitrina y el escenario con más audiencia; y muchas otras referencias más.

La mayoría de estos apelativos hacen alusión a algunos de los beneficios y resultados positivos que podemos obtener a partir de esa conexión con la que la mitad de la población mundial cuenta en la actualidad. De hecho, una buena parte de los proyectos de desarrollo a nivel mundial esperan que se pueda conectar a Internet al resto de la población mundial.

Por otro lado, también se habla mucho de los peligros, riesgos y efectos negativos que pueden afectarnos al hacer uso de la red. Si bien a veces estos efectos nocivos se producen por inexperiencia de los usuarios, también es verdad que hay algunas acciones que deliberadamente son planeadas, preparadas y ejecutadas por personas con malas intenciones.

Debido a estas experiencias negativas y dañinas, reales o percibidas, y que con frecuencia resultan en la pérdida de cientos de miles de dólares, tanto para empresas como para individuos, existen voces que alertan, se quejan y tratan de reducir el alcance y las posibilidades del uso de las redes conectadas a Internet, de muy diversas maneras, algunas explícitas y otras menos claras.

Vemos nuestro propio reflejo

Como en otras situaciones en los que los ciudadanos de un país se quejan del estado de sus indicadores de delincuencia, seguridad, salud, educación, y otras condiciones de la convivencia en las sociedades y comunidades, es importante pensar que lo que sucede en Internet, lo bueno y lo malo, es un reflejo del estado, la salud mental, la bondad y la solidaridad de la humanidad.

Así como se recomienda “no matar al mensajero”, intentando hacer caer en la cuenta al receptor de malas noticias que el que las entrega no es el culpable de las mismas, del mismo modo podemos decir que “no debemos condenar a Internet por ser el portador de algunas calamidades y malas acciones”.

Por supuesto, al analizar algunas de estas malas acciones que se dan en Internet y que han logrado incluso tener nombres propios, como los ciberfraudes, el phishing, el sexting, el grooming, la ingeniería social, malware, virus, botnet, ataques de negación de servicio, y otros, que buscan intencionalmente causar daño, entorpecer o incluso destruir algo, la reacción natural es ver al medio, Internet, como el causante del daño.

Sin embargo, la comunicación veloz y eficiente de Internet es solamente el vehículo para que personas u organizaciones con intenciones ilícitas, inmorales o anti éticas lleven a cabo sus crímenes, engaños o perjuicios contra otras personas u organizaciones, en forma dirigida o de manera casual.

La protección está en la cultura digital

Dado que no podemos ni debemos privarnos de las ventajas tan grandes que significa estar conectados y usar provechosamente la red, y aunque también es necesario y recomendable tomar medidas de protección tecnológicas, como los cortafuegos, detectores de intrusos, antivirus y anti malware, etc., es clave que las personas estemos alertas.

Al igual que en la vida real no vamos solos a ciertas horas a ciertos lugares, o no caminamos en calles desconocidas luciendo joyas u otros artículos atractivos, así debemos tomar precauciones al navegar en Internet o al utilizar los dispositivos móviles, circular en las redes sociales o intercambiar o publicar información.

Esto es parte de lo que se debe enseñar cuando se capacita sobre el uso y familiaridad con los paquetes de software y las aplicaciones que nos conectan con el mundo. La importante diferencia es que, a diferencia de la vida real, el alcance y variedad de riesgos es relativamente limitado por la geografía. En Internet estamos literalmente en comunicación con todo el mundo, y eso es un cambio relevante.

Entonces, recordemos que las quejas que probablemente vemos (o expresamos) en redes sociales y las oleadas de difamación y condena mediática que vemos todos los días, algunas cargadas con sentimientos muy negativos, son el reflejo de nuestra forma de ser. No es Internet, como medio, el que las propicia. Somos los humanos los que necesitamos revisar qué estamos haciendo mal.

 

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