De consumidores a productores en Internet: ¿Y la calidad?

Los primeros años en que se desarrolló la conectividad de los países latinoamericanos y caribeños a Internet, al final de los 80 y los inicios de la década de 1990, el estado de esta red de redes, apenas en su infancia, la hacía difícil de usar, y casi por definición reservada para ingenieros, técnicos, y los “nerds” de ese entonces, más o menos similares a los “geeks” actuales.

En ese entonces, a varias personas y organizaciones nos preocupaba que en nuestra región solamente consumiéramos información, publicada por, y procedente de, países en el hemisferio norte del planeta, típicamente más desarrollados, y con clara predominancia de su cultura, su lenguaje, y su forma de ver la historia y el desarrollo.

El poder de una herramienta como Internet ya se vislumbraba, aunque seguramente nadie podría haber pronosticado lo que iba a llegar a ser. El surgimiento del World Wide Web, como una capa sobre la tecnología de Internet, abrió muchas puertas y dio paso a una avalancha de creatividad que no ha cesado hasta nuestros días.

Ahora todos publicamos a diario y por montones

Aunque en la actualidad casi nadie utiliza este término, cuando se desplegaron propuestas como los buscadores, las redes sociales, los blogs, los wikis, los foros y listas de correo con archivo, y muchas otras formas en que los usuarios expresaban sus opiniones, ideas, creaciones y escritos, usando diversos medios gráficos, textuales, animados y audibles, surgió el concepto de interactividad.

Los cibernautas, navegantes y el creciente número de personas conectadas a Internet encontraron que gracias al WWW y a las muchas aplicaciones y emprendimientos que surgieron sobre la tecnología de Internet, usar esta red era, y sigue siendo, muy sencillo y accesible para la mayoría.

No sólo eso. Gran parte de la razón de acuñar el término web 2.0 era hacer énfasis en una nueva etapa en la que cualquier persona en el mundo, con relativa facilidad, podía publicar, difundir, e incluso lograr niveles de fama, seguimiento, influencia y reconocimiento, sin tener control de grandes medios de producción o publicación, y en muchos casos, sin siquiera invertir nada de sus fondos.

Publicar en Internet, entonces, se ha convertido en algo casi trivial. La cantidad de audiencia que recibe a diario lo que cada uno de nosotros difunde en Internet es muy grande, y para algunos casos especiales, mayor que con otros medios de comunicación tradicionales.

El reto ahora es revisar, mejorar y desarrollar la calidad del contenido que se publica. La excesiva facilidad, costo casi nulo e inmediatez con que lo podemos hacer, pueden ser una gran tentación para colocar lo primero que se nos ocurre, sin mayor reflexión ni evaluación. También podemos repetir y contribuir a difundir noticias falsas, chismes, rumores y elementos altamente triviales.

Es deseable que, ahora que hemos obtenido la importante posibilidad de hacer públicas nuestras ideas, creaciones y planteamientos, lo hagamos de forma mesurada, madura, sensible y generosa.

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