El Libro Blanco de las Redes Académicas latinoamericanas

La investigación científica ya no se hace en solitario. Ya no puede hacerse en forma aislada. Por una gran cantidad de razones: distribución del trabajo, especialización, condiciones de prueba y experimentación distintas, recolección de datos variados, elementos naturales y climáticos diversos según el sitio en el planeta, facilidades y recursos para desarrollar el método científico, equipos altamente especializados y de alto costo, etc.

Afortunadamente, los investigadores, científicos, docentes y tecnólogos de todo el mundo cuentan con herramientas actuales, eficientes y cada vez más poderosas, para comunicarse entre sí y establecer esos vínculos que permiten desarrollar investigaciones conjuntas que desembocan en resultados favorables para la humanidad.

La Cooperación LatinoAmericana de Redes Avanzadas (CLARA), organización que reúne a las redes académicas de América Latina, ha producido un Libro Blanco llamado “Redes Avanzadas en América Latina: Infraestructuras para el desarrollo regional en ciencia, tecnología e innovación”, y pronto será publicado en papel y en versión digital.

Las reflexiones, conclusiones e información contenida en este breve documento (un poco más de 60 páginas) proveen un insumo y un sólido argumento para el diseño de políticas públicas que apoyen este esfuerzo nacional y regional, como la manifestación de una apuesta a la ciencia, tecnología y la innovación.

Por ejemplo, los autores del libro blanco, Alberto Cabezas y Soledad Bravo, afirman que “desde el punto de vista del diseño de las políticas públicas, y del financiamiento a las infraestructuras habilitantes para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (CTI de aquí en adelante), es benéfico apoyar el despliegue y fortalecimiento de estas redes avanzadas, así como el uso cada vez más masivo de Internet entre la población. Estos dos objetivos políticos poseen igual importancia, ya que son infraestructuras complementarias y no sustitutas”.

Las redes avanzadas

También se establece que las redes avanzadas son clave para la investigación y el avance de la ciencia y tecnología, porque:

§ Sobre ellas se desarrollan nuevos servicios y aplicaciones que permiten sostener el crecimiento y fortalecimiento de Internet.

§ La comunidad científica más amplia requiere una infraestructura para la colaboración, educación y acceso a instrumental que el sector privado no puede ofrecerle.

§ La red en sí misma es un laboratorio para probar nuevos protocolos, mejorar la calidad de servicio y velocidades que no existen en Internet comercial.

§ La infraestructura permite un espacio de colaboración para afrontar temas que son desafíos mundiales y requieren de muchos grupos de investigadores trabajando sobre ingentes volúmenes de datos.

§ La negociación en conjunto permite rebajas considerables de los costos de conexión a las instituciones de investigación.

En particular, la RedCLARA ofrece un verdadero ejemplo de solidaridad y trabajo colaborativo latinoamericano. Su personal directo, unas 10 personas, se encuentra distribuido en varios países de Latinoamérica, laborando desde sus lugares de residencia, con objetivos y planes de trabajo comunes y coordinados. Las redes nacionales que son miembros representan más de 1,000 instituciones de educación superior y de investigación en América Latina.

La estrategia es clara: en vez de que cada país deba realizar su propia inversión y esfuerzo para conectar a su red académica a las redes avanzadas, se construye un “backbone” entre los países miembros, de forma que sea propio, sostenible, escalable, eficiente y de uso privado, solamente para las instituciones miembros de las redes nacionales. Hay importantes ahorros financieros en este esquema, además de que puede ser un catalizador para los países más rezagados.

Pero además, y esto es lo más importante, este acuerdo de instituciones de educación superior y de investigación de la mayoría de países en Latinoamérica ha probado ser el vehículo gracias al que países pequeños y menos desarrollados, como El Salvador, puedan integrarse, si así lo desean, a estas redes académicas avanzadas en el mundo, con el propósito de realizar investigaciones conjuntas, impartir clases en forma remota, o coordinar proyectos de mutuo beneficio.

El rol de las políticas públicas

Algo que se vuelve tangible en cualquier país, es que si existen políticas públicas, del Estado y no sólo del gobierno de turno, que realmente favorezcan el desarrollo de las actividades científicas, es posible que los demás actores se alineen y que, en efecto, se logre identificar nichos, motores de la economía e industrias que puedan traer riqueza a esos países, por medio de la aplicación de la ciencia y la tecnología a los procesos de producción, a la generación de nuevas ofertas, y a la innovación en general.

En América Latina, no obstante, -de acuerdo al Libro Blanco- la política pública explícita sobre las redes avanzadas como elementos centrales para el sistema nacional de innovación es casi inexistente, con la excepción de Brasil y, en menor medida, de México y Colombia; además, ellas suelen tener más apoyo desde el punto de vista económico. Si bien, otras redes reciben un tibio soporte financiero desde los gobiernos, lo cierto es que ningún organismo regional exhibe hoy un discurso constante y de largo plazo que apunte a la integración de sus comunidades de investigación a través de las redes avanzadas.

A ello se suma la concentración de la masa crítica en un solo país, Brasil, que reúne casi al 50% de los investigadores de la región. Luego se agregan Argentina y México. Si se añade a la lista a Chile, Colombia y Venezuela, se configura un cuadro que involucra a más de 80% de la masa crítica de los usuarios naturales de las redes avanzadas.

La conclusión es obvia, al mirar la experiencia europea. Las políticas públicas explícitas sí pueden hacer una diferencia en el crecimiento incremental de las redes y su sostenibilidad.

Desafíos de las redes académicas

De acuerdo al Libro Blanco, después de hacer una relación de las redes en Europa y otros países económicamente desarrollados, y revisar la situación de nuestros países, algunos de las lecciones y los desafíos más importantes que las redes académicas se enumeran a continuación:

§ El solo llamado a concursos o fondos sin una visión y exigencias de colaboración que produzcan sinergias, no conduce a esfuerzos sostenidos en el tiempo y con los impactos requeridos, o a infraestructuras nacionales.

§ Una red que no produce externalidades de redes; es decir, que no cuenta con la membresía completa de su comunidad, tiene problemas de legitimación para acceder al financiamiento nacional.

§ Desde el sector universitario la presión la colocan los usuarios más activos y que requieren estas facilidades. Si bien es parte de las prioridades de las universidades, es probable que sus promotores sean las instituciones más dedicadas a la investigación. A la vez, el simple hecho de una globalización de la enseñanza las coloca en el escenario del uso masivo de videoconferencias y sistemas colaborativos para la educación.

§ El sector privado es un motor de la I&D en países desarrollados. Por ello, las redes han flexibilizado sus políticas de uso para que ingresen otros actores.

§ Los hospitales públicos crecientemente, y con ayuda de los gobiernos, serán actores claves, dadas las necesidades en todos los países de la telemedicina en sus diversas manifestaciones.

§ Por último, en la educación la tendencia que se avizora indicaría que los modelos y enseñanzas de esta red se trasladen a ese sector. Dependerá fuertemente de la políticas educacionales de cada gobierno o Estado el nivel de conectividad y grado de colaboración con las redes avanzadas.

Un pensamiento en “El Libro Blanco de las Redes Académicas latinoamericanas”

  1. Soy fiel lector del blog, lo felicito esta buenisimo me gustaria nos deje referencias de otras fuentes de informacion relacionada a tecnologia para enriquecer aun mas nuestros conocimientos.

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