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Desarrollando la cultura de innovación

Se habla mucho de innovación, y aunque el fenómeno ha existido desde hace mucho tiempo, es hasta recientemente que podemos decir se ha comenzado a profesionalizar y volver más científico, sistemático y meticuloso su estudio académico, surgiendo cada vez más empresas y consultores que promueven una cultura de innovación.

Este desarrollo es importante, sobre todo en países, organizaciones y comunidades que buscan no sólo sobrevivir, sino destacarse y generar riqueza de manera sostenida. Una de las razones para esta búsqueda es el incremento en la dimensión y la definición de la competencia, la competitividad, la productividad y el acercamiento a los mercados, que se está dando con mayor intensidad en todo el mundo.

No obstante, esta cultura de innovación no puede surgir por generación espontánea o por decreto legal en una nación o empresa. Es necesario trabajar con horizontes bien definidos, metas claras y acciones concretas, de forma tesonera, sistemática y decidida para buscar ese desarrollo en las generaciones de personas que van llegando al aparato productivo.

Elementos necesarios para buscar la cultura de innovación

Si buscamos desarrollar una cultura de innovación, hay que considerar, al menos, lo siguiente:

Un ecosistema de innovación integrado, alineado y con objetivos comunes a nivel nacional. Para ello, como ya lo han hecho algunos estudios, es bueno identificar a los jugadores clave, organizaciones, empresas, cooperantes, instituciones académicas y tanques de pensamiento, inversionistas de todo tipo, y programas y entidades públicas y privadas dedicadas al fomento de la innovación.

Estímulo y desarrollo de las habilidades personales y el perfil adecuado en los jóvenes para convertirse en emprendedores, innovadores y creativos. Sería largo de enumerarlas, pero aspectos conocidos, tales como liderazgo, trabajo en equipo, tolerancia al fracaso, persistencia, entusiasmo, auto estima y solidaridad, son algunos de las aptitudes a fomentar, tanto a nivel formal como en cualquier interacción formativa.

Esfuerzos sistemáticos de apoyo, tales como acceso a mentores, recursos técnicos y financieros, desarrollo de cursos sobre innovación y emprendedurismo, realización de hackatones, rallies de innovación, ideatones, festivales maker, edutones, boot camps, certámenes de resolución de problemas técnicos, y otras formas para facilitar el diseño, prototipado, revisión y crítica, así como la ejecución de proyectos innovadores.

Políticas públicas nacionales apropiadas y debidamente financiadas e inclusión de los temas de innovación, creatividad, emprendedurismo y desarrollo de modelos de negocio bajo la sombrilla de la Responsabilidad Social Empresarial.

Sistemas de evaluación y valoración de emprendimientos tecnológicos, start ups, fin techs y otras formas incipientes de negocios en economía circular y naranja, para que inversionistas ángeles y capitales de riesgo, incluidos fondos de inversión del Estado y estímulos fiscales a los mismos, puedan ser canalizados con facilidad.