Con las disculpas del caso, hoy no voy a escribir propiamente de deportes.
Hoy voy a escribir para decir que no quiero que mi hijo crezca. No quiero que me diga que quiere salir de la casa. No quiero que me diga que quiere ir a jugar con sus amiguitos. No quiero. No quiero que se enfrente a este mundo. Que me califiquen de lo que quieran, pero no quiero correr el riesgo de perder a mi crÃa.
Hoy, el turno fue de Nelson Rivera TobÃas, un chico brillante, inteligente, con un prometedor futuro. Pero a diario, en este podrido paÃs, mueren aproximadamente 13 personas. Entre ellos, varios jovencitos. Jóvenes con toda una vida por delante, con deseos de comerse el mundo. Pero el mundo se los termina comiendo a ellos.
Con el dolor de mi alma, en estos momentos me duele ser salvadoreño. Me duele ver que esta patria que me vio nacer camina hacia ninguna parte. La brújula está perdida. No se le encuentra orilla a esto. Y nadie mueve un tan solo dedo para cambiarle la perspectiva al asunto.
DÃgame usted, amigo lector, cómo consolar a una madre que acaba de perder a su hijo mayor, producto de la violencia sin sentido que azota a El Salvador?
Yo no sé. En estos momentos no sé nada. Solo sé que no quiero que mi hijo crezca.


10/10/2010 a las 19:15 Permalink
“Que el dolor de haberlo perdido, no empañe la alegria de haberlo tenido”. Yo tambien perdi un hijo, pero en otras circunstancias y si bien el recuerdo lo llevaremos hasta el último dia, encontre en una pagina de internet -renacer-un calmante