• Evangelio según San Mateo 22,34-40.
    Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”.
    Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.
    Reflexión
    Cuando nos entregamos a Cristo de corazón hacemos valer este mandamiento y nuestra vida se torna menos complicada porque nos dejamos llevar por su amor infinito que obtenemos a plenitud cuando abrimos las puertas de nuestra vida a nuestro Señor para que haga morada siendo el Rey de nuestra alma. Por tal razón, es muy importante que le amemos con todo nuestro ser.
    Ahora bien, si cumplimos con el primer mandamiento no se tornará difícil cumplir con lo que sigue- amarás a tu prójimo como a ti mismo- porque, ya habrá dentro de nosotros esa gracia que nos alentará y ayudará para aceptar y tolerar a los demás y brindarles ansías de vencer en la vida.
    Pidámosle a Dios la fuerza para vencer las tentaciones y no hundirnos en un mundo que nos cegara para ver las grandezas de nuestro Padre Celestial.

  • Evangelio según San Mateo 22,1-14.
    Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
    El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
    Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
    De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
    Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
    y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
    Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.

    Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
    Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
    Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

    Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
    ‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
    Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.

    Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

    Reflexión
    Hay dos partes en esta parábola. Mateo juntó en un mismo relato dos parábolas que se complementan; tanto una como la otra hablan del rechazo de los que se creían los herederos de las promesas de Dios.

    La primera parte de la parábola muestra que los beneficiarios del gran remezón de la historia serán los pequeños, los olvidados. Jesús se dirigió a ellos, los encontró en los caminos y respondieron al llamado. Se sienten aquí los ecos de la parábola de los viñadores homicidas.

    La segunda parte resalta que nunca hay seguridad de estar en una situación envidiable por el solo hecho de haber ingresado en una institución establecida por Dios, como es la Iglesia; en efecto quien no se haya renovado y no se haya puesto el traje para él, será excluido.

    EL Rey celebra las bodas de su Hijo, que es Cristo, es esposo, el que reúne a la humanidad y la une a su persona. Esta obra grandiosa de reunir a los hombres para luego resucitarlos es la que se va realizando a lo largo de la historia, hasta el día en que todos se sienten a la mesa de los vivos.

    No hay que pensar que el invitado sorprendido sin traje de fiesta fuese un algún pobre; en ese tiempo se acostumbraba proporcionar a los invitados las túnicas que usarían en la fiesta. Este no se la puso, y por eso no supo qué responder.

    Muchos son los llamados… No se debe concluir sin más que la mayoría se pierde: el evangelio multiplica las imágenes para invitar a ser vigilantes. Es como la puerta estrecha, los primeros que pasan a ser los últimos, las damas de honor que llegan cuando se ha cerrado la puerta. En las cosas de Dios siempre esta el peligro de no darlo todo y hasta el final.

    La sentencia apunta tanto a la mayoría del pueblo de Dios que no ha respondido a su llamada como al invitado que solo llegó sin el traje de fiesta.

  • Evangelio según San Mateo 21,33-46.
    Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

    Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
    Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: ‘Respetarán a mi hijo’. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?». Le respondieron: “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo”.

    Jesús agregó: “¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos”.
    Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

    Reflexión:
    Esta parábola denuncia a las autoridades religiosas que tan fácilmente se consideran propietarios de la viña. La viña es la cara visible del pueblo de Dios; es un conjunto de edificios, de instituciones, de medios económicos; también es un pueblo que sigue la religión de sus padres y obedece a las autoridades, tal vez sin preguntarse sobre la voluntad de Dios.

    Muy a menudo los responsables solo ven ese exterior y hacen todo lo posible por mantenerlo en medio de las tempestades políticas, aun cuando Dios muestre claramente que habrá que quemar muchas cosas que son obstáculos y seguir adelante. Jesús les advierte que se verán obligados a condenar al Hijo.

  • Evangelio según San Mateo 20,1-16a.

    Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
    Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
    Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’. Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.
    Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
    Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’.
    El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
    Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
    ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’.
    Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”.

    Reflexión

    Jesús quiso desconcertar y sacar de la mente la idea de que existan méritos que Dios debe premiar. A muchos les parece injusto que se dé lo mismo a todos, sin tomar en cuenta sus obras y sus sacrificios; conviene, entonces mirar más de cerca la parábola.
    Jesús establece una comparación, no entre varios trabajadores, sino entre diversos grupos de trabajadores. Es esta una de las parábolas del Reino y cada grupo puede representar a un pueblo o a una clase social y, mientras unos recibieron las Palabras de Dios hace muchos siglos, otros recién están llegando a la fe.
    A lo largo de la historia Dios llama a los diversos pueblos a trabajar en su viña. En primer lugar llamó a Abrahám y le encargó, a él y a sus descendientes, su obra en el mundo. Más tarde, en tiempo de Moisés, mucha gente se juntó a su grupo para salir de Egipto, y lo mismo sucedió en los siglos siguientes. Los antiguos reivindican constantemente su derecho a ser tratados mejor que los demás, pero la viña no les ha sido encargada en forma exclusiva.
    Uno de los mayores obstáculos a la revolución de Jesús es el espíritu de propiedad que se encuentra en todos los grupos, incluidos los religiosos. Los que son herederos de varias generaciones cristianas se creen con derechos y no aceptan que los nuevos cambien las reglas del juego.

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