Archivo para Octubre 26th, 2009

¿Estoy orgulloso de ser Salvadoreño?

La verdad es que una pregunta que me he estado haciendo últimamente y la verdad creo que la respuesta es no. Pero antes que me saquen las antorchas y los picos, creo que es necesario que sepan que el lo que me ha llevado a semejante conclusión.

 

Mis padres y mis abuelos por años me han vendido la idea que el Salvadoreño es una persona de valores, trabajadora, que no se deja derrotar tan fácil ante las adversidades de la vida. ¿Pero cual es la realidad que yo veo?

 

La realidad es que el Salvadoreño, talvez, en alguna época, antes de la guerra civil de los años 80’s, pudo haber tenido todas esas cualidades de las que tanto me hablan, pero durante el período de la post guerra, el Salvadoreño se convirtió en un ser haragán, que espera que todo le caiga del cielo, que espera que el gobierno y la demás gente le resuelva sus problemas.

 

El salvadoreño que yo conozco es prepotente y mal educado, no saluda

Cuando entra a un lugar, no le gusta hacer fila, no espera a que el carro de enfrente pase en el alto y en su lugar se le atraviesa para pasar él primero.

El salvadoreño que yo conozco aparentemente cree que tiene todos los derechos del mundo, pero nunca reconoce que con todos esos derechos, también vienen obligaciones y, por si fuera poco, sus derechos son absolutos y le importa poco los derechos de los demás.

 

Lo grave es que cuando se encuentran dos de estos personajes en un mismo lugar, ahí se ponen peor las cosas, por que ninguno reconoce que sus derechos terminan donde empiezan los del vecino, y ahí es en donde tenemos esos conatos de violencia que poco a poco se han extendido como un cáncer en nuestra sociedad.

 

Los Salvadoreños nos quejamos de la tremenda situación de violencia y delincuencia en la que estamos metidos, y somos buenos para culpar a gobierno actual y a los gobiernos anteriores de no hacer nada, en buena parte tenemos razón, pero no nos ponemos a pensar que nosotros nunca hemos hecho nada tampoco para tratar de cambiar la situación; y por ello no me refiero a tomar armas para enfrentarla, sino que nuestra misma prepotencia y falta de valores han sido semilla de lo que nos está pasando.

 

Por ejemplo, ¿Somos cordiales con nuestros vecinos en donde vivimos? ¿Los saludamos al menos cuando los vemos pasar?, en muchos casos creo que la respuesta es no. Por otra parte ¿Que hay de los valores que los padres enseñan a sus hijos?

 

Los adultos hemos jugado, como si fuéramos políticos, a la doble moral; por una parte exigimos que los niños sigan ciertos patrones de conducta, cuando los adultos estamos cometiendo ilícitos, tales como: Comprar música y

videos pirata en la calle, Comprar licor y otros bienes de contrabando, No respetar las señales de tránsito, Dejar el carro mal parqueado en una esquina o tapando la salida de una cochera, etc.

 

Lo más triste es cuando vemos que se cometen conductas como las que menciono y la gente las celebra, como si fuera algún acto de heroísmo diciendo “Que cachimbón soy, lo hice ¿Y QUE?”.

 

Los Salvadoreños han perdido sus valores, han perdido la moral y el respeto hacia los demás, como si se sintieran únicos en el mundo y superior a cualquiera otra persona más.

 

Pero es tan triste a los niveles que hemos llegado, que inclusive hay quienes le faltan el respeto a otros a la salida de los servicios religiosos. Vemos como todos los días en la calle alguien escupe, orina o tira basura, sin que tan

siquiera le hagamos una sola mala mirada. Desgraciadamente se ha convertido en algo “normal” o del “día a día”.

 

Verdaderamente me entristece a los niveles que hemos llegado, y de seguir así vamos rumbo a convertir a nuestra sociedad en un Estado Fallido, es decir, una tierra sin ley, en donde prevalece el mas fuerte. ¿Acaso esto es lo que queremos? ¿Este es el futuro que queremos para nuestros hijos y nietos?

 

Tenemos que trabajar duro, todos como sociedad, ya hacer a un lado resentimientos y envidias, colores políticos y diferencias religiosas y trabajar de la mano para rescatar a nuestro país del suicidio social que está cometiendo. Solo así trabajando duro me volveré asentir orgulloso de ser Salvadoreño y de mi gente.

 

Colaboración: Miguel Arévalo

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