Que no los vuelvan a llamar

La solución es simple: si alguien no quiere ir a la selección, que no vaya. Pero que tampoco lo rueguen.

Ya estamos aburridos de jugadores con ínfulas de grandeza, que en su vida han ganado algo y que ahora resulta que se niegan ir a la Azul.

Por Dios. Lo que faltaba. ¿Qué acaso no ven televisión? ¿Qué acaso no leen los periódicos? ¿No se han dado cuenta, por ejemplo, que en España, campeona del mundo en Sudáfrica 2010, todos los futbolistas de aquel país se pelean por un puesto en “la Furia Roja”? Y perdónenme, pero en estos momentos son los mejores del planeta, juegan en los mejores equipos… Y no se niegan a jugar con su combinado nacional.

¿Y aquí, qué tenemos? Nada. Sinceramente, nada. Que yo sepa, nunca hemos ganado un mundial. Es más, la última vez que clasificamos a una copa del mundo fue en 1982. De ese momento, para acá, no hemos logrado mayor cosa. Quizás la medalla de oro en los Juegos CAC de 2002. Quizás si alguien quiere ver como éxito el regreso a la hexagonal final de CONCACAF. Pero de ahí, nada.

Entonces, ¿cómo es posible que un par de niños inmaduros, mareados por la fama porque más de alguien les ha pedido un autógrafo, porque tienen un carro del año o porque han jugado –con más pena que gloria– un par de partidos en la segunda división mexicana, ahora vienen y se inventan cualquier pretexto para dejar abandonada a la selección nacional?

Si estos dos muchachitos no quieren estar con la Azul, están en todo su derecho. Pero no hay que permitir que nadie –entiéndase directivos, técnico o quien sea– les ruegue. Nadie, señores, es indispensable en esta vida. Nadie. Hay que comprenderlo de una vez por todas.

Alternativas, como vimos el viernes pasado ante Panamá y el martes frente a Costa Rica, hay. Tanto en delantera como en el medio campo, hay variantes. Otra cosa es cómo las utiliza el entrenador y esa es harina de otro costal.

¿Que si los van a castigar por negarse a jugar con la Azul? No sé. Ni me importa mucho, la verdad. Me importa más, en todo caso, que no los vuelvan a llamar a la selección. En definitiva, no se lo merecen.

PD. Esta columna salió publicada en el Lunes Deportivo del pasado 11 de octubre.

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