No crean dice Jesús: “Que yo, vine a abolir la ley y los Profetas, no he venido a abolir sino a darle cumplimiento”. Por eso dice también: “Les aseguro que primero cambiará el cielo y la tierra, antes que pase una tilde de la Ley sin que todo suceda”.
En otro pasaje dice: “Hay de aquel que le quite o le ponga aunque sea una coma a las Sagrada Escritura”. Por eso el que deje de cumplir uno de los mandamientos de la Ley, por insignificante que pueda verse, será castigado, pues está faltando a los mandatos de Dios y no tomará parte en el reino de los cielos; pero el que enseñe y los cumpla será grande y gozara de la vida eterna en el reino.
Las Leyes de Israel, se debían en parte a los fundadores de este pueblo, Moisés, Josué, Samuel y luego los Profetas habían propiciado una legislación social. Más tarde los sacerdotes presentaron en otra forma las Leyes de Israel.
Insistiendo en las prácticas religiosas, todo esto está contenido en la Biblia, esto era bueno para el trabajo de los sacerdotes, muy útil, pero había algo mejor que hacer cuando Jesús propuso una Ley más perfecta y no se trataba de renovar una ley religiosa o de dar más mandamientos, sino que nos invita a una interiorización del espíritu a la Ley, a no quedarnos en las prácticas religiosas por tradición, sino a cumplir con las obras de caridad, dar nuestra ayuda, no solo en cosas exteriores, sino también en el interior de lo espiritual, de tratar de llevar nuestra alma al cielo y de los demás hermanos, con quienes nos comunicamos y compartimos día a día.
Que nuestro Señor Jesucristo, non bendiga, dándonos un corazón muy humano y al mismo tiempo divino en Él. Amén.
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JESÚS, YO CONFIO EN TI
Queridos hermanos el evangelio para este domingo tomado de San Lucas 5,1-11 nos narra una bella enseñanza que debemos poner en práctica en nuestra vida. Leamos
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”.
Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”.
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”.
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”.
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
PALABRA DEL SEÑOR, GLORIA Y HONOR A TI SEÑOR JESÚS.
En este relato, de San Lucas nos narra dos pescas: La pesca milagrosa de los peces y podemos decir la pesca de los primeros discípulos. Jesús sube a la barca de Pedro, para predicarle a la gente, que se aglomeraba. Pedro con gusto lo lleva un poco mar adentro. Jesús, enseña a la gente. Pedro está cansado pues ha estado pescando toda la noche sin obtener resultados. Pero espera, escucha también a Jesús a igual que los demás. Y ha penetrado en su corazón la voz del Maestro; por eso, cuando termina de predicar le dice a Pedro: LLEVA LA BARCA MAR ADENTRO Y ECHEN SUS REDES. Pedro, podía decir: ¿para qué, voy a echar las redes? Si soy un buen pescador, y no he pescado nada, o ya estoy cansado. Pedro sabía que había, hecho todo lo humanamente posible; y no obtuvo buenos resultados. Pero le dice: CONFIANDO EN TU PALABRA, ECHARÉ LAS REDES. Y obtiene una pesca milagrosa. A nosotros, no ha pasado lo mismo; hemos luchado, por resolver una dificultad, o una enfermedad, haciendo todo lo que el médico nos ha dicho, ingiriendo los medicamentos, y desesperados hemos visitados algún curandero. Y no hemos tenido, buenos resultados. Pero hay alguien, que nos dice: No te desanimes, pídele a Jesucristo, ÉL, te va sanar, te va ayudar en ese problema o esa enfermedad. Cuando pidas al Señor, pero con, confianza, sin dudas; con la fe plena y veremos los resultados positivos. Luego, que Jesús, nos ha escuchado, nuestras súplicas, por su infinita misericordia. No nos, podemos paralizados espiritualmente sino seguirle, a igual como lo hizo Pedro y sus compañeros. Dejando todo, lo siguieron. No podemos actuar indiferentes, pensando ya obtuve, lo que necesitaba, sigo con mi mismo estilo de vida, como si nada hubiera pasado. Dejemos todo, lo que nos impide seguirlo y veremos. QUE BUENO ES EL SEÑOR. Subamos a nuestra barca, que es NUESTRA IGLESIA, y en nombre de Jesús, pescar almas para ÉL.
Que nuestro Dios, nos haga pescadores de hombres, para extender el Reino de Dios, en medio del mundo. Que la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con nosotros.
¡ JESÚS HACE MILAGRO EN MI VIDA!
Queridos hermanos, quiero compartir la buena nueva del Jesús, tomada del Evangelio de san Lucas 4, 21-30.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO
SEGÚN SAN LUCAS (4, 21-30).
GLORIA A TI, SEÑOR.
En aquel tiempo, después de que Jesús leyó en la Sinagoga un pasaje del libro de Isaías, dijo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír”. Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: “¿No es éste el hijo de José?” Jesús les dijo: “Seguramente me dirán aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo “y haz aquí en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm”. Y añadió: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país, sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”. Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero Él, pasando por medio de ellos, se alejó de ahí.
PALABRA DEL SEÑOR.
GLORIA A TI, SEÑOR JESUS.
Jesús llega a Nazaret, entra en la sinagoga, en día sábado, lee la lectura que le dan a leer, la gente está pendiente de Él no pierde detalle y lo admiran. Luego les explica las escrituras, todos están entusiasmados y admiraban la sabiduría con la que hablaba de oírlo. Se preguntaban en entre ellos ¿Quién es? Acaso no es el hijo de María y José, pero lo escuchan muy contentos y animosos sabían todo lo que había hecho en otros lugares y esperaban que allí también hiciera muchos milagros, pero Él les dijo: Ningún profeta es bien recibido en su patria. Les hace mención como en otros lugares habían sido favorecidos por Dios y no ellos luego cambiaron de parecer. Te ha pasado a ti el no creer el alguien que es de tu barrio y que sobre sale por sus cualidades o virtudes? Recuerda que lo grande se esconde en lo pequeño. Ejemplo de esto es madre Teresa de Calcuta, pequeña, insignificante para muchos, pero con sabiduría y un amor grande para los demás. Dispongámonos a recibir la gracia de Dios que hay en los demás para ser favorecidos en bendiciones.
Recuerda la frase de san Agustín, “Temo que la gracia de Dios pase y no la aproveche”. Jesús hoy está pasando por tu vida deja que obre en ti. Y recuerda, el único y gran milagro es: Creer en El cómo tu único Señor.
Que María nuestra madre nos ayude a descubrir a su único Jesús que ya está con nosotros en la Palabra de Dios y en la Eucaristía.
El primero en todo
Querido hermano/a, este día quiero compartir una interesante historia contigo, tal vez te ha pasado a ti o a alguien que conoces.
Fue una vez un muchacho, el primero en todo, mejor atleta, mejor estudiante, pero lo que nunca supo fue si era un buen hijo, un buen compañero o un buen amigo. En un día de depresión el muchacho se dejó morir. Cuando iba camino al cielo se encontró con un ángel y éste le preguntó: “¿Por qué lo hiciste, si sabías que te querían?…”, a lo que Él respondió: “Hay veces que vale más una sola palabra de consuelo que todo lo que se sienta… en tanto tiempo nunca escuché: Estoy orgulloso de ti… gracias por ser mi amigo… ni siquiera un te quiero mucho…”
Al quedar pensativo el ángel, el muchacho añadió: Sabes qué es lo que más me duele?”, el ángel triste le pregunta: ¿Qué?, a lo que él responde: “que todavía espero oírlo algún día…”.
Luego de esto, el ángel abrazó al muchacho y le dice que no se preocupe porque se acerca a la única persona que siempre le dijo al oído que lo amaba pero él nunca escuchó, pero lo espera con los brazos abiertos…
Así es queridos hermanos, muchas veces nos puede ocurrir como a este joven, ser los primeros en todo, en el estudio, trabajo, deporte, en fin en lo que sea y nunca escuchar una felicitación por parte de los que nos rodean. Sin embargo, como este ángel le dijo al joven, hoy yo te lo digo yo: El único que nunca te fallará y siempre estará ahí para recibirte con los brazos abiertos y decirte TE AMO, es JESÚS.
No busquemos la gloria de este mundo, más bien esforcémonos por escuchar la voz de Dios, que a cada momento nos dice que nos ama y somos sus hijos queridos.
Por otro lado, te invito a que medites si este día ya le dijiste un te quiero a tus hijos, ya le diste un abrazo a tus padres o si ya le dijiste cuanto lo amas a tu cónyuge, si no lo has hecho te animo a que lo hagas, para que ellos sepan que realmente los amas y no les suceda como a este joven que se fue sin saber si alguien lo amaba.
Que nuestro Señor Jesucristo les bendiga abundantemente.
