Hace poco fui testigo de una escena que me hizo reflexionar y querer compartir contigo en este blog sobre ello. En un primer momento les plantearé la situación ficticia para que estemos en sintonía.
-Hola, sírveme el café pronto.
-Buenos días. Estoy bien, gracias por preguntar.
-Con dos de azúcar y que no esté muy caliente (mientras alza su mano, sosteniendo un maletín y esperando que quien le acompaña lo tome; sin que él pronuncie una sola palabara) y una mirada bastó para comprender lo que ustedes se imaginarán.
Parto de un punto muy importante y sobre el cual verso este comentario:El miedo y el respeto son parecidos, sin embargo el miedo se infunde y el respeto se gana.
No podemos andar por el mundo queriendo que todos nos sirvan que todos nos respeten y sin ni siquiera mostrar la mínima empatía por nuestros semejantes. No podemos pedir respeto cuando nosotros no somos capaces de saludar. Mucho menos pedir detalles o buen trato si nosotros no tenemos la menor cordura para hablar o tratar a los demás.
La invitación es para que nuevamente pienses y te des cuenta que como dije al principio, el respeto se gana y es mejor que nos miren con ese sentimiento a que nos brinden ayuda nada mas por miedo a nuestras respuestas o reacciones, pues de ser así no habremos logrado nada.
Y esto es aplicable a nuestras vidas en familia, en el hogar, en el grupo de amigos o de la iglesia. No lo olvides y no dejes de sembrar respeto para cosechar buenos frutos.
