LA EXTRAÑA ACTITUD DE UN SIERVO DE DIOS

Recientemente, la liturgia de la Iglesia nos presentaba en la primera lectura de la santa misa la figura del profeta Jonás y la conversión de Nínive, pero me llama a reflexión al leer todo el relato que el profeta, a pesar de haber recibido el mandato de Dios de ser su portavoz para denunciar el pecado y anunciar la salvación, en un momento determinado prefiere hacer su propia voluntad. Es decir, obedece a su carne y no a su espíritu y decide irse por el camino contrario al que el Señor le señaló. En lugar de ir a Nínive se va hacia el mar (Jonás 1,3).


La actitud que mostró ese profeta no deja de ser extraña para un hombre de Dios, pero cargada de un sinnúmero de signos y actitudes que nos sirven de enseñanza a tí y a mí, para comprender que en primero somos seres humanos, pecadores, limitados y con muchas miserias que debemos vencer.


Pareciera mentira que un hombre de Dios se enojara con Él porque conocía que a pesar de que el creador lo enviaba a anunciar destrucción: “…dentro de cuarenta días, Nínive será destruida” (Jonás 3,4), al final tendría misericordia de ese pueblo y se arrepentiría de la destrucción y la desgracia que se cernía sobre sus pobladores.


Pero quizás Jonás no alcanzó a ver que Dios había trazado su plan, es decir, con el anuncio de la destrucción, el Señor esperaba, y así ocurrió. El pueblo, desde su rey hasta el último ciudadano con sus animales incluidos, hizo penitencia, ayuno, se vistieron de sayal, se cubrieron de ceniza. En otras palabras, hicieron una “cuaresma” puesto que esos ejercicios espirituales duraron justamente 40 días para finalmente convertirse de sus pecados. Fue entonces cuando la escritura dice que “al ver Dios lo que hacían y cómo se habían arrepentido de su mala conducta, se arrepintió él también y no los castigó como los había amenazado” (Jon. 3,14).
Jonás sabía que Dios los perdonaría y entonces, ¿cómo quedaría su imagen de proclamador de la palabra?, pensaba que los ninivitas se podrían burlar de él y quedar como un escandaloso porque al final Dios no permitiría la destrucción.


¿Era coherente esa actitud?, no sería mejor haberse alegrado porque iba a ser instrumento para alcanzar para otros la misericordia de Dios en lugar del castigo?


Muchas veces, nosotros somos así cuando conocemos a alguien que vive lejos de Dios y nosotros nos molestamos cuando vemos que esos pecadores se acercan a la Iglesia, pensamos que ellos no merecen estar allí, que por sus pecados no deberían merecer el perdón de Dios.


Dios quiere que seamos obedientes a su voz, que dejemos la autosuficiencia, la irreligiosidad, la soberbia de creernos más que los demás, que obedezcamos por las buenas y no por las malas, ya que Jonás tuvo que hacerlo por las malas; no queramos “corregirle la plana a Dios”, El sabe cómo lleva sus cosas.

Si Él en esta cuaresma te está pidiendo que le entregues algo, alguna mala costumbre, algún pecado público, o algunos pecados ocultos que nos avergüenzan ante los demás, sé obediente a su llamado, te sentirás mejor cuando dejes todo eso que te aparta de Él.


Ojalá no tengas que arrepentirte de esos pecados cuando estés en el hospital o en una cárcel, o en la soledad, el abandono o peor aún cuando ya estés muerto y desde allí ya no podrás ser vomitado como lo fue Jonás, quien sólo así entendió que la obediencia nos acerca a Dios.


¿Qué opinas al respecto?, espero tus comentarios.

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