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13 Nov 2009 Días de luto, balas y banderitas blancas

Sábado 11 de noviembre de 1989. La guerrilla lanzaba la ofensiva ‘hasta el tope’, acción militar que buscaba la toma del poder y obligar a una negociación para el fin de la guerra civil. La población, atrapada en aquellas trincheras, sufrió de cerca el estruendo de las balas y el temor a salir de sus casas. El resultado: un país desangrado, asesinato de intelectuales y centenares de muertos y heridos. Demasiados.  

Veinte años hace desde aquello. Este domingo 15 de noviembre, en Séptimo Sentido encontrará una cita con el pasado, una reconstrucción histórica de ese capítulo violento que marcó al país.

‘Pasábamos durante semanas encerrados en la casa. Un día mi mamá y hermano salieron con su banderita blanca porque escucharon disparos en la vivienda de una tía. No lograron llegar muy lejos. Yo solo escuché un estallido y el tiroteo. Una granada los mató.’

El testimonio es de José Melara, un empleado de maquila con quien hablé a propósito de este reportaje. José tiene 34 años, y era un adolescente para aquellos días de noviembre dos décadas atrás. ‘No importa el bando, perdimos a alguien’, dice. Es cierto. Más allá de los motivos que originaron la ofensiva, muchos como José quedaron en medio de las balas, perdieron a un padre, una madre, un hermano, un hijo. Muchos como él ruegan hoy, en tiempos de paz, no tener que vivir de nuevo algo parecido.

¿Y cuál es la trascendencia de recordar un hecho como este 20 años después? Pues, como dicen por ahí: vale la pena recordar para no olvidar aquello que no debemos repetir. En lo personal, aún no olvido esas columnas de gente huyendo con sus banderitas blancas de los edificios de la Zacamil, donde vivía con mi familia. Recuerdo haber pensado: ¿será que esta señal de paz evitará que nos maten? Pero en esos momentos, no había más por hacer. Muchos, como la mamá y hermano de José, no salieron vivos. Sin duda cada vida apagada fue y sigue siendo un precio demasiado alto a cambio de los ideales de algunos personajes de la esfera política.

Y usted, ¿qué recuerda usted de la ofensiva de 1989? ¿Dónde estaba? ¿Cómo ve al país dos décadas después de ese suceso? Le invitamos a compartir su experiencia.

25 Nov 2008 32 centavos

Hoy por la mañana fui a un polígono de tiro. Estoy escribiendo algo sobre armas de fuego y por eso he estado visitando polígonos de tiro. Había solo dos tipos y yo. Estaban disparando con una pistola calibre 45. Uno de ellos me dijo que lo hacía para afinar la puntería. La delincuencia, ya sabe. El otro me dijo que estaba acompañando a su amigo, aunque también disparaba de vez en cuando.

Lo que se estila ahí es disparar balas recargadas. Balas ya usadas que son rellenadas otra vez con pólvora, más barata que la original. Dividiendo el costo del paquete de cincuenta recargadas nos resulta que cada una tiene un precio de $0.32. Uno de los instructores me dijo que hay clientes que, a veces, disparan hasta 500 cartuchos.

Yo disparé diez veces, casi no atiné al blanco, que simula una silueta humana, y aún siento que huelo a pólvora. De la barata, claro.

20 Nov 2008 Bang
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Ayer le apunté en la cabeza a un hombre. íƒâ€°l no se dio cuenta, absorto en la entretenida plática que llevaba con otro policía. Los dos estaban a treinta metros, en el pasillo contrario, separados de mí por el amplio patio central del cuartel general de la policía. Lo apunté con un rifle de francotirador. Me habían dicho que era uno parecido a los que habían usado en la película La Caída del Halcón Negro.

La primera vez que tomé una estaba chico. Era un revólver brilloso y pesado. Fue en casa de familiares, cuando uno de los invitados me preguntó si quería sostener un arma. Lo hice por curiosidad, durante unos cuantos segundos, hasta que mi padre se percató y me lanzó una mirada recriminadora.

Ayer volví a tomar un arma. El rifle era relativamente pesado, con una mira telescópica en la parte superior. Hay que alejarse unos cuantos centímetros de la mira para centrar el objetivo.  Tardé poco en ubicar la cabeza lejana en el punto exacto, la cruz que hacen las dos líneas rectas dentro de la mira. Luego me puse nervioso. Solté el rifle descargado y se lo regresé al comisionado especialista en armas que me lo había prestado.

Mañana iré a un polígono de tiro. Bang.