Archivo del Autor: Padre Martí­n Ávalos

Acerca de Padre Martí­n Ávalos

JESÚS SACRAMENTADO HA TRANSFORMADO MI VIDA ENTERA.

YO PERDONO PERO NO OLVIDO

Yo perdono pero no olvido

 

Has pensado cuántas veces has dicho “yo perdono pero no olvido”… te pregunto, ¿es de cristianos una actitud como esta?

 

Sin duda, tú y yo alguna vez hemos recomendado a un hermano la reconciliación como solución a un problema. Decimos: deberías olvidar lo que ha pasado, perdónalo…  y cuántas frases más alrededor de este tema como: es de cristianos perdonar, el rencor no te llevará a nada bueno. Lo repetimos tanto que nos volvemos unos expertos. Somos tan expertos que cuando nos toca vivir una experiencia difícil en la que se requiere de nuestro perdón, simplemente no podemos. Nos volvemos tan herméticos  que preferimos morir antes que actuar con caridad ante quien nos ha ofendido.

 

La recién pasada campaña proselitista enarbolada por los partidos políticos no sólo dejó  un nuevo presidente, en muchos corazones también dejó una atmósfera de resentimientos, inconformidades, rencores, ofensas y disputas. Es decir, no hay mejor escenario para practicar el perdón y la reconciliación que el actual. Es momento de dejar las banderas y ponernos la armadura de Cristo (Ef 6,13), para trabajar desde nuestra fe por un mundo mejor, en el que reine la paz, la justicia y la caridad.

 

¿Sabes?, esta sociedad no cambiará si no cambiamos nosotros. La verdadera paz brota de un corazón convertido a Jesucristo. Sólo cuando me reconcilio con Dios puedo reconciliarme conmigo mismo, con mi familia y con mi entorno social.… Esa es la misión de los cristianos, ser fermento de reconciliación en la sociedad.

 

Perdonar es hermoso, pero puede llegar a ser duro y difícil. Exige un cambio, y como todo cambio en la vida, requiere romper esquemas, dejar caminos trillados, abrir nuevas brechas, roturar nuevos campos. En definitiva, salir de nuestra dulce comodidad y rutina y lanzarnos a vivir día tras día en la ruta nueva que Dios nos va trazando; ruta de donación y amor desinteresados.

 

Reconciliarse con Dios y reconciliarse con los demás implica estar dispuesto a mirar el pasado con ojos de arrepentimiento y comprensión, dejándolo donde debe estar, atrás…

Para alcanzar una verdadera reconciliación no basta solamente con acudir al sacramento de la confesión. Esto es sólo el comienzo. Le sigue el trabajo diario y constante por arrancar del alma las causas profundas, a veces muy ocultas, del distanciamiento, de la desavenencia y de la lejanía de Dios. Bajo esta premisa, nuestra misión es conquistar nuestro corazón y nuestra vida para el amor, la concordia, la avenencia y la armonía, viviendo como verdaderos hijos de Dios y hermanos en la fe.

 

Todo individuo, si es sincero consigo mismo, se da cuenta de que está necesitado, en un mayor o menor grado de reconciliación. Hermano, en esta cuaresma, reconcíliate tú primero y luego ayuda a los demás a conseguir una auténtica reconciliación. Perdona de corazón, pues sólo el que lo hace es feliz.

ELECCIONES PRESIDENCIALES

DIOS ES EL ÚNICO QUE PUEDE GUIAR

NUESTRO PAÍS POR EL BUEN CAMINO.

Queridos lectores, que la paz del Señor y el amor del Padre llene sus corazones.

El 15 de marzo se realizarán las elecciones presidenciales en El Salvador, este acontecimiento cívico y trascendental, es para los cristianos un derecho pero también una obligación moral que nos manda elegir con responsabilidad a aquel que tendrá la ardua misión de conducir los destinos de nuestro pueblo por sendas de paz y prosperidad.

Como pastor, siento la necesidad de ofrecer ciertos elementos que ayuden a clarificar nuestra participación en esta fiesta democrática:

  1. En momentos como estos no debemos dejarnos llevar por el fanatismo o la euforia de las banderas. Como buenos cristianos católicos debemos orar y reflexionar ampliamente antes de favorecer con nuestro voto a la próxima autoridad presidencial.
  2. El sentido que Cristo le da a la autoridad queda bien claro en los siguientes versículos del Evangelio: “…el que quiera ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes será su esclavo; de la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”(Mt. 20, 25-27) Vemos pues, que la autoridad que viene de Dios se define en términos de servicio y no de mando, procura la vida y no la muerte, no resta ni divide por el contrario suma y multiplica.
  3. “Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas…” (Rm. 13,1) sin embargo San Pedro nos advierte Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 4,19-20; 5,29). Esta aparente confrontación no es sino clara armonía entre los textos, por cuanto se complementan el uno al otro.
  4. Como cristianos estamos llamados a la unidad, aun en medio de la diversidad de ideologías, la unidad de la Iglesia es parte esencial. Así como el cuerpo humano no puede ser dividido sin exponerlo a muerte, todo cisma y soberbia por las razones que sea es fatal para la vida del cuerpo de Cristo.

Querido hermano(a) recuerda que con votos se ganan elecciones, pero con oraciones se ganan autoridades.

¿QUIENES SON LOS POBRES?

Recientemente el papa Benedicto XVI, desarrolló en la Jornada Mundial de la Paz, el tema “combatir la pobreza, construir la paz”, y es precisamente aquí donde vale la pena preguntarnos que debemos entender por pobreza, al respecto diremos que pobreza: es una situación o forma de vida que surge como producto de la imposibilidad de acceso y/o carencia de los recursos para satisfacer las necesidades físicas, psíquicas y espirituales básicas humanas que inciden en un deterioro del nivel y calidad de vida de las personas.

Por tanto esta pobreza pude ser:

  1. Pobreza material: es la imposibilidad de acceder a bienes básicos tales como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria o el acceso al agua potable. También se suelen considerar la falta de medios para poder acceder a tales recursos, como el desempleo, la falta de ingresos o un nivel bajo de los mismos. También puede ser el resultado de procesos de segregación social o marginación.

Es un escándalo que interpela diariamente nuestra conciencia humana y cristiana que más de mil millones de personas en el mundo vivan en la pobreza extrema, cuando Dios ha proveído los recursos necesarios para que toda la humanidad viva con dignidad.

  1. Pobreza inmaterial: Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado “subdesarrollo moral”, que muchos países “desarrollados económicamente” están padeciendo.

Esta pobreza también interpela y nos debe motivar a trabajar por erradicar esta crisis de valores que destroza nuestras familias, sociedades y naciones, alejándonos del plan de amor que desde siempre trazó Dios para la humanidad.

Pero existe también una pobreza que no es sociológica, una pobreza que se elige y no por humanismo, sino por fe, esta es la llamada pobreza evangelica.

Jesús proclamó las bienaventuranzas de los pobres: «Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios (Lc 6, 20). A este respecto, hay que recordar que ya en el Antiguo Testamento se había hablado de los “pobres del Señor” (cf Sal 74,19; 149,4), objeto de la benevolencia divina (cf. Is 49,13; 66,2). No se trataba simplemente de personas que se hallaban en un estado de indigencia, sino más bien de personas humildes que buscaban a Dios y se ponían con confianza bajo su protección.

Estas disposiciones de humildad y confianza aclaran la expresión que emplea el evangelista Mateo, en la versión de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu” (Mt 5, 3). Son pobres de espíritu todos los que no ponen su confianza en el dinero o en los bienes materiales, sino que, por el contrario, los ven como un medio y se abren al reino de Dios. Pero es precisamente éste el valor de la pobreza que Jesús alaba y aconseja como, opción de vida, que puede incluir una renuncia voluntaria a los bienes, y precisamente en favor de los pobres.

Por tanto la pobreza así entendida es la cristiana administración de los bienes, sean muchos, osean pocos.

Por consiguiente los cristianos estamos llamados en primer lugar a erradicar las causas de la pobreza material e inmaterial, usando métodos como la solidaridad global, entre naciones, organismos, y personas. Un “código ético común”, cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm. 2,14-15). Y en segundo lugar, estamos llamados a procurar la pobreza evangélica como una autentica forma de vida que se convertirá en semilla de paz y prosperidad.

Dios los bendiga.

JORNADA MUNDIAL POR LA PAZ (II PARTE)

Con este tema terminamos la serie sobre la Jornada Mundial de la Paz, la cual fue celebrada el uno de enero del presente año y en ella se desarrolló el tema “CONVATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ”,  proximanete haremos algunos comentarios al respecto.

Lucha contra la pobreza y solidaridad global

8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global, tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un «código ético común», cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano», continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.

9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones

10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera.

11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.

12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil.

13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización «se presenta con una marcada nota de ambivalencia» y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría. De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.

Vaticano, 8 de diciembre de 2008