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16 Feb 2009 El quetzal apátrida
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Quetzal macho

Como periodista, uno sabe que está expuesto a la crítica. A mí, en lo personal, me encantan las críticas, sobre todo las buenas, donde bueno no ha de entenderse como favorable.

 

Hace unos pocos post escribí algo sobre las críticas. Ese día me centré en cómo un misma revista puede generar comentarios opuestos entre los lectores. Hoy escribo no menos sorprendido (bastante más, en realidad) por el atento correo que nos envió un lector llamado Héctor Velásquez. Se refería al fotorreportaje publicado en la edición 34 sobre los quetzales salvadoreños, un tema que nunca sospeché que pudiera generar ningún tipo de polémica.

 

Lean, lean.

 

Siempre he visto su periódico como un medio extremadamente serio e imparcial. Es por eso que me parece de muy mal gusto el tema de la revista Séptimo Sentido titulado í¢â‚¬Å“Tan salvadoreño como un quetzalí¢â‚¬Â. Todos sabemos que el quetzal es el ave nacional de nuestros hermanos guatemaltecos. No me parece correcto que hayan escrito eso, y me parece que ellos se merecen una explicación de lo que intentan decir con esa frase. Lo que han escrito es como si un periódico de otro país hubiera hecho una publicación con el titular í¢â‚¬Å“Tan nuestro como las pupusasí¢â‚¬Â, cuando todos sabemos que la pupusa es algo propio de nuestro país. Igual el quetzal es propio de nuestra hermana República de Guatemala. Sabemos que por nuestra cercanía con Guatemala, el ave puede emigrar a nuestro país, pero eso no la convierte en un ave nacional. Si deseaban escribir sobre el quetzal, pudieron haber dicho í¢â‚¬Å“El quetzal, también en El Salvadorí¢â‚¬Â. Eso se escucha educado e interesante.

 

Mi sorpresa descansa en que lo que para mí era un simple juego de palabras que sirve como anzuelo alguien lo interprete casi como un intolerable insulto a todo un país. Ese país, Guatemala, es por cierto uno al que guardo especial cariño, que recomiendo como destino insustituible para ser visitado y que yo visito tan seguido como puedo. En una aldea remota de Santa Cruz del Quiché viven mi suegra y dos cuñadas.

 

¿Resulta ofensivo el titular? Es archiconocido que el quetzal es el ave nacional de Guatemala, pero justo en esa ironía radica la gracia (mucha o poca, eso es opinable) de la expresión í¢â‚¬Å“Tan salvadoreño como un quetzalí¢â‚¬Â. Hace unos meses titulamos una crónica í¢â‚¬Å“Blanco como un dominicanoí¢â‚¬Â, y la idea fue también explotar ese grado de extrañeza que genera este tipo de titular como incentivo para comenzar a leer la nota.

 

Pero uno ya duda de todo. ¿Resulta ofensivo el titular? ¿Lo fue para usted?

10 Feb 2009 Con el fundador de Etiqueta Negra

Etiqueta Negra es una revista mensual que se ha convertido en uno de los más altos estandartes del periodismo narrativo en América Latina. Es peruana, pero se distribuye también fuera de esas fronteras. El link, por si quieres curiosear, está a tu izquierda. Es el segundo en el apartado í¢â‚¬Å“Otras revistas del géneroí¢â‚¬Â. También puedes ver lo que dice Wikipedia sobre ellos pulsando aquí.

 

Pues bien, Etiqueta Negra la fundó en 2002 un limeño (de Lima, Lima; no de Santa Rosa de Lima) llamado Julio Villanueva Chang, a quien muchos en el medio conocemos como í¢â‚¬Å“El chinoí¢â‚¬Â Chang. Este domingo (el 15 de febrero) llevamos en la revista una generosa entrevista con él. Más que entrevista, es una larga plática con la crónica, los cronistas y la ética como temas de conversación. Creo que en un país como el nuestro, y en una publicación como Séptimo Sentido, es necesario que gente que está en otras ligas nos mastiquen algunas cosas. Y Villanueva Chang está en ligas mayores cuando de periodismo narrativo se habla. Como dato curioso, él no es un periodista de formación. Su licenciatura la tiene en Educación.

 

Julio Villanueva Chang

A pesar de algunas excepciones muy puntuales, el periodismo narrativo salvadoreño está en pañales. Sin abandonar Latinoamérica, países como Argentina, Colombia, México y el propio Perú se han despegado en las últimas décadas del resto. Y prefiero remarcar que la afirmación que acabo de hacer se refiere exclusivamente del periodismo narrativo. En El Salvador (como en otros tantos países, no es que seamos los últimos de cola) el concepto mismo, eso del periodismo narrativo, se nos escapa a muchos. Es un debate complejo, pero choca de manera frontal con cuestiones tan básicas como el mal manejo del lenguaje que caracteriza a nuestro periodismo. Por eso creo que la plática con Villanueva Chang algo aportará a los periodistas y a los lectores a los que, en mayor o menor medida, les gustan las crónicas.

 

Como anticipo, les dejo con una colección de frases suyas que recopilé durante la fase de documentación. Las saqué de Internet, de entrevistas concedidas a otros medios y de algunos de sus ensayos. No pertenecen, aclaro, a la plática que publicaremos el domingo.

 

í¢â‚¬Å“Es obvio que no todas las noticias merecen ser narradas ni todos los reporteros pueden ser buenos narradores.í¢â‚¬Â

í¢â‚¬Å“Un cronista usa la entrevista como técnica para obtener información, y privilegia la observación social de los fenómenos, y cómo estos afectan la vida de cierta gente, desde un acontecimiento de masas hasta la intimidad de una subcultura.í¢â‚¬Â

í¢â‚¬Å“La entrevista como género siempre ha sido un acto teatral, y en la mayoría de las ocasiones no llega a ser una situación de conocimiento. Sólo una colección de declaraciones.í¢â‚¬Â

í¢â‚¬Å“Generalmente un editor es un administrador al que le interesa solo el número de palabras, las fotos y darte tres indicacionesí¢â‚¬Â¦ Es de algún modo una especie de aduaneroí¢â‚¬Â.

í¢â‚¬Å“Hay una minoría de publicaciones que evitan tratar a los lectores como clientes. No publican siempre lo que les piden, sino también lo que creen que deberían leer: historias de vida pública y privada para ayudar a derribar prejuicios e ignorancias.í¢â‚¬Â

í¢â‚¬Å“Hay además un abismo invisible entre una í¢â‚¬Ëœhistoria bien escritaí¢â‚¬â„¢, y una í¢â‚¬Ëœbuena historiaí¢â‚¬â„¢. La primera puede serlo por haber sido escrita con claridad, gracia y sensualidad. La segunda, en cambio, debe tener el mérito de descubrir todo un mundo ignorado y ni siquiera necesita estar tan bien escrita para ser digna.í¢â‚¬Â

 

¿Y usted, qué opinión tiene del periodismo narrativo o de la crónica?

 

06 Feb 2009 Blanco y negro
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¿Se puede ser al mismo tiempo blanco y negro? ¿Azúcar y sal? ¿David y Goliat? ¿Macho y hembra? ¿Arenero y efemelenista? ¿Se puede ser al mismo tiempo Coyote y Correcaminos?

 

Pues parece ser que sí. Y me explico.

Séptimo Sentido es una revista joven, atrevida, innovadora, que arrastra aún males del periodismo nacional, con yerros notables y también con algúnqueotro acierto. ¿No? Es una revista, la misma desde Ahuachapán hasta La Unión, la misma se lea el domingo o se guarde hasta el martes. La misma.

Si eso es así, ¿por qué llegan todas las semanas correos de lectores que parecen haber leído dos cosas totalmente distintas? ¿Se puede ser al mismo tiempo blanco y negro?

 

Vean, lean, lo que nos ha llegado. De la misma revista se hicieron estas lecturas. Blanco y negro.

 

Rudy Flores nos dijo:

í¢â‚¬Å“Quiero felicitarles por crear un somnífero tan efectivo como lo es su revista. Sin ánimo de ofender, me parece una revista sosa y carente de contenido interesante. Realmente es un desperdicio de recursos. Me pregunto ¿No hay creatividad para captar la atención de los lectores que están cansados de más de lo mismo?í¢â‚¬Â

 

Y Katherine Mancía  nos dijo:

í¢â‚¬Å“A Séptimo Sentido, felicitarlos. Es una excelente revista. La leo cada domingo y lo que más me gusta es que tratan de que sea objetiva y no partidista, y eso provoca que se vea con seriedad, como tiene que ser. Sigan así, y se ganarán el respeto de todos, aquí y en el extranjero. Necesitamos periodismo profesional, sin manipulaciones y que nos dé criterio y perspectiva.í¢â‚¬Â

 

¿Se puede ser al mismo tiempo blanco y negro?

03 Feb 2009 Los detalles

 

Martín Caparrós

Lo hizo el gran maestro en 1958. Gabriel García Márquez, cronista por antonomasia, no tuvo reparos en inventar un personaje para su crónica í¢â‚¬Å“Caracas sin aguaí¢â‚¬Â. Ante un hecho inapelable como la ausencia de agua en la capital venezolana durante varios días, Gabo cedió a la tentación de contarlo a través de un personaje ficticio: el científico alemán Samuel Burkart. A fin de cuentas, debió pensar el maestro, ¿quién mejor que un científico y además alemán para encarnar la generalizada sensación de indignación y rechazo ante la ausencia de agua potable? ¿Merece la pena inventar los detalles para lograr que el mensaje de fondo sea más contundente?

 

Pues bien, eso que hizo el gran maestro (al menos una vez) en 1958, sigue siendo motivo de acalorados debates entre las generaciones de cronistas que hoy rellenan las mejores revistas que trabajan el género. El pasado 29 de enero, jueves, asistí en Cartagena (Colombia) a un conversatorio sobre la crónica en el imponente Teatro Heredia, uno de los motores de la vida cultural en la ciudad caribeña. Moderados por Daniel Samper, director de la revista Soho, alrededor de dos mesitas estaban tres cotizados cronistas í¢â‚¬â€œMartín Caparrós, Juan Villoro y Alberto Salcedoí¢â‚¬â€œ y un cuarto llamado Fabrizio Mejía Madrid.

 

Juan Villoro

Toda la plática resultó fascinante. Pero el punto que quiero traer a este blog es que Caparrós y Villoro defendieron la modificación de los detalles en sus crónicas para ganar contundencia, y que eso no debe de ser motivo de escándalo. Tuve la oportunidad de hablar con otros respetados y prolíficos cronistas en las horas y días siguientes, y obtuve por respuesta dos ideas: una, que no hay que escandalizarse por esa aseveración, que el periodismo comete mayores pecados que modificar un color intrascendente para darle, por ejemplo, brillo a una escena; y dos, que hay crónicas y crónicas, que las hay más literarias y las hay más informativas.

 

Mi opinión en este debate, si les interesa, es que un cronista no debería de inventar ni modificar nada, nada, absolutamente nada. Ni colores ni sensaciones ni aromas, nada. Ni aunque lo hayan hecho Gabo o Caparrós. Nada. Nunca.

 

¿Tiene usted alguna opinión sobre este asunto?

29 Ene 2009 Las siete diferencias
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Estas dos imágenes fueron tomadas el mismo día con la misma cámara y en la misma ciudad: Cartagena de Indias (Colombia). Les reto a que busquen al menos siete diferencias entre una y otra. Tiempo.

Arnulfo Guzmán, comunidad Marlinda
Arnulfo Guzmán, comunidad Marlinda
Plaza de los coches, Cartagena
Plaza de los coches, Cartagena

En El Salvador sabemos bien lo que son las desigualdades sociales. Parece que en otros lugares de América Latina lo que ha ocurrido es que han perfeccionado las formas de maquillar la tozuda realidad. La bella Cartagena, la Heroica, la ciudad de la magia. Muchos cartageneros no la reconocen así… y han pasado ahí toda su vida.

25 Ene 2009 Séptimo Sentido en Argentina

El perfil sobre el jesuita salvadoreño Jon Sobrino que publicamos hace tres semanas en Séptimo Sentido ha llegado a Argentina. Hoy, 25 de enero, una versión ligeramente recortada de la crónica sale publicada en Revista C, el suplemento dominical del diario Crítica de la Argentina. A los habituales de este blog quizá les suene esta cabecera. Aparece como uno de los enlaces en la columna de la izquierda, dentro del apartado ‘Otras revistas del género’. 

Pueden acceder a Revista C pulsando aquí. Tarda un poco en cargarse porque está en formato PDF, y ocupa más de 4MB. El tema de Jon Sobrino comienza en la página 48 y finaliza en la 53.

Si no leyeron el tema cuando salió publicado el pasado 4 de enero en Séptimo Sentido, pueden hacerlo pulsado aquí.

Como editor de Séptimo Sentido y en este caso también autor del texto, es una satisfacción que algo producido en El Salvador haya llegado a Argentina, uno de los incuestionables referentes periodísticos de América Latina. A pesar de tanto error que seguimos cometiendo, publicar en Revista C es un buen síntoma. Esa publicación tiene en planilla a cronistas como Cristian Alarcón, Josefina Licitra (ganadora en 2003 del Premio de la FNPI) y Cicco, y ahí también publican de manera habitual gente como Juan Pablo Meneses y Leonardo Haberkorn.

 

Jon Sobrino

Jon Sobrino

 

Y hablando de cronistas y de crónicas, les adelanto que me encuentro en Cartagena, Colombia. Finalizadas mis vacaciones, me vine para acá a un taller sobre crónica (valga la redundancia) que impartirá la mexicana Alma Guillermoprieto en la FNPI, la fundación de Gabriel García Márquez.

Mañana empieza. En los próximos días les contaré qué se está cociendo por acá.

21 Ene 2009 El cronista miseria
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Esto parece más un blog personal que uno colectivo, como era la idea original. Pero como dicen que lo prometido es deuda, en este post hablaremos sobre los cronistas miseria. Ayer les comentaba que uno de los riesgos de trabajar en un país como El Salvador, donde la pobreza es tan agresiva, era convertirse en eso, en un moldeador de la miseria. Pero no di el paso de definir a qué me refería. Ahí voy ahora. Lo primero, aclarar que la combinación de palabras no es mía. La estoy hurtando del blog del reconocido cronista chileno Juan Pablo Meneses.

Juan Pablo Meneses

Juan Pablo Meneses

Meneses es otro de los periodistas que ha logrado colarse en el grupo de los cronistas respetados de América Latina, esos que ya tienen libros publicados y les cuesta nada colocar sus textos en las revistas más prestigiosas del género. Pues bien, hace poco le dio por reflexionar sobre la figura del cronista que hace de la miseria su materia prima para trabajar, de aquel que se regodea en la pobreza para elaborar sus notas. íƒâ€°l lo explica mucho mejor que yo. Les dejo con sus palabras.

 

El cronista miseria es uno de los grandes personajes de la fauna cronística.

El cronista miseria consigue fondos gracias a los bajos fondos.

Para el cronista miseria las cosas son simples: para hablar de la miseria humana, se va a una villa miseria. Para decirnos que el mundo es una basura, se va a un basural con niños abandonados. Para confirmarnos que no tenemos salida, cuenta la historia de unos pobres en la cárcel.

El cronista miseria, debilidad de ONG´s y Fundaciones bien pensantes, escribe mal y amarillo.

El cronista miseria elige sus temas con la misma lógica con que responden las candidatas a Miss Universo: í¢â‚¬Å“Los problemas del mundo son la pobreza, el narcotráfico y las guerrasí¢â‚¬Â.

Ideológicamente, el cronista miseria no se hace problemas: divide a las personas entre buenos y malos.

Aunque no sea su meta, el cronista miseria suele fomentar el pánico social y el avance policial. El cronista miseria es amigo de uniformados, y es conocido por los poderosos de cada barrio bravo.

El cronista miseria habla de periodismo narrativo y de lenguaje literario, aunque sus textos sólo terminan siendo una crónica roja de larga extensión.

El cronista miseria disfruta metiendo sus textos en medios del primer mundo, o en revistas tercermundistas dedicadas al buen vivir: Miseria chic.

El cronista miseria piensa que las dobles lecturas son lo mismo que releer.

El cronista misera cree que una buena crónica es narrar miserias que están a la vista, cuando en realidad se trata de revelar miserias ocultas.

El cronista miseria defiende su parcela, su nicho, su quinta de miseria, como si fuera una propiedad privada.

El cronista miseria nunca escribe de los poderosos, aunque conoce a muchos.

El cronista miseria no entiende la pornomiseria.

Algunos piensan que el cronista miseria es un invento del nuevo periodismo latinoamericano.

El cronista miseria se burla de quienes, piensa él, sólo escriben de frivolidades. Seguramente, su risa también sea su gran triunfo: ha logrado frivolizar todas nuestras  grandes miserias.

Cuanto menos, su pensamiento es buen punto de partida para la reflexión. ¿Existen los temas importantes? ¿El buen y el mal periodista se mide en función de la ‘trascendencia’ de lo publicado? ¿Quién decide qué es lo trascendente? Y es que en este gremio tan variopinto hay de todo un poco. Trayendo las palabras de Meneses al escenario salvadoreño, no son pocos los colegas acá que estratificamos la profesión. Saliéndonos del circulo de la miseria del que habla el cronista chileno, escribir sobre política, sobre asesinatos o sobre la desnutrición infantil es estar en la cima, es contar lo importante. Redactar sobre deporte, sobre cantantes o sobre un elefante es para principiantes, frívolos o fracasados. Como casi todo en esta vida, yo me atrevo a aseverar que en esto también hay matices y que, además del qué, cada vez será más importante el cómo se cuenta algo. De hecho, tengo la firme convicción de que un relato es más meritorio si logra atrapar a un lector cuando su materia prima es lo rutinario, aquello que en las facultades de periodismo nos dijeron que no era noticia.

20 Ene 2009 Todo es relativo
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Este es el centro de Vitoria-Gasteiz, la ciudad que me vio nacer allá por 1976 y que me ha vuelto a acoger durante unos días. Siempre lo repito, pero lo haré otra vez. Esta es la ciudad que presta su nombre al polideportivo situado en Nejapa, el complejo en el que juega el equipo de fútbol del pueblo.

Plaza de la Virgen Blanca

Plaza de la Virgen Blanca

Hoy estuve dando el que seguramente sea mi último paseo matutino por sus calles. El cielo estaba azul intenso y brillaba un atípico sol, condiciones bastante anómalas para estar en pleno invierno. La temperatura, eso sí, gélida. Rondaba los 4º C.

Caminando con mi esposa Iris, comentamos que este año no había habido ni un solo homicidio en las casi tres semanas que llevamos acá. La ciudad tiene unos 240,000 habitantes. En las vacaciones de hace un par de años ocurrió uno, y los medios de comunicación locales estuvieron hablando del suceso varios días. ¿Con qué llenan las páginas de los periódicos? Como se puede apreciar en la imagen de la céntrica plaza de la Virgen Blanca, acá no hay ventas informales ni basura acumulada en las calles ni ruidos estridentes. En el tiempo que llevo, las principales noticias locales han sido la inauguración de un tranvía, la gran nevada del 7 de enero, la crisis primermundista que se vive acá, las victorias del equipo de baloncesto y las derrotas del equipo de fútbol. Suena a poco. Esta es la capital del País Vasco, y habrá elecciones al Parlamento en menos de mes y medio. Pero no hay pinta ni pega. La campaña política se ciñe acá a las dos semanas previas al día de la votación. Tampoco he visto ningún accidente de transito en la ciudad, ni siquiera uno pequeño. Nada de tuberías rotas ni de peleas entre bandas de jóvenes en las calles.

Demasiado tranquilo todo, demasiado cuadriculado. No es que uno esté deseando que la gente se mate, pero la verdad es que esto es demasiado aburrido. Acá no lo saben, porque no conocen otra cosa. Pero, al margen de las consideraciones personales, El Salvador es un país infinitamente más atractivo para un periodista; al menos para el periodista que firma estas letras. Muchas veces me han preguntado por qué me vine de un país ordenado a otro desordenado, cuando miles quieren hacer el camino contrario. El periodismo es el responsable. Pero esa atracción por el desorden tiene sus riesgos. Uno es terminar convirtiéndose en un ‘cronista miseria’, aunque de eso les hablaré en el próximo comentario.

Buenas tardes, buenos días.

14 Ene 2009 La crónica e internet
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Si algo caracteriza a Séptimo Sentido es la longitud de sus textos. Raro es que uno baje de las 3,000 palabras, cuando en las páginas de La Prensa Gráfica rarísimo es que una nota supere las 800. Desde sus inicios la revista le apostó a los relatos extensos, prescindiendo de las notas secundarias o terceras, los recuadritos, las frasecitas o los numeritos que llenan las páginas de los diarios de todo el mundo. Séptimo Sentido le apostó a la crónica, y la buena crónica exige espacio. Ahora bien, cuando se transita por este terreno es fácil tropezar, sobre todo en un país con tan escasa tradición periodística de calidad. Para un aspirante al calificativo de cronista es tentador recrearse en las licencias del género: abusar del yo omnipresente o del texto alargado sin historia que lo respalde. Son pecados que con más frecuencia de la deseada se siguen cometiendo en esta revista y que, créanme, no son tan sencillos de extirpar.

Daniel Titinger

¿A qué viene todo esto? Leí hace unos días una reflexión de Daniel Titinger en su blog que quiero compartir con ustedes. En ella, el reconocido cronista peruano habla sobre la tensa relación entre la crónica e internet, dos mundos que a primera vista son irreconciliables. Uno exigiendo tiempo al lector y espacio; y el otro, dosificando -banalizando- cada vez más la información. Al lector asiduo de la revista no le resultará del todo extraño el nombre de Daniel Titinger. En la treintena de números de Séptimo Sentido publicados, han cabido dos temas suyos. Uno trataba sobre el fútbol en Surinam y el otro sobre la relación entre peruanos y chilenos, canalizada a través del Huáscar, un barco de guerra del siglo XIX.

Les dejo con su reflexión.

El periodismo literario se vuelve cada vez más literario y menos periodismo. En un exceso de retórica para envolver pescado los diarios y revistas presentan como crónica cualquier texto soporífero que empieza así: «Era una noche fríaí¢â‚¬Â¦», y la noche, sin querer, le hace sombra a la crónica. Llenar de adjetivos una frase y decir yo, me, mi, conmigo, parece la fórmula secreta del nuevo periodismo que enseñan las universidades, y más sabe el alumno que más barroco se pone.

En la prehistoria del periodismo narrativo los dinosaurios poblaban la Tierra y las técnicas literarias se usaban como fuegos artificiales en una página en blanco. La moda í¢â‚¬â€œaquí tambiéní¢â‚¬â€œ es cíclica y como planta venenosa ataca las raíces. Y lo hace mal. Porque el viejo nuevo periodismo se lee y se relee con placer y el nuevo nuevo periodismo í¢â‚¬â€œapodado boom en América Latinaí¢â‚¬â€œ no sé en verdad ni qué es. Un muchacho de veintitrés años quiere ser Tom Wolfe elevado al cubo. Pero nunca leyó a Rodolfo Walsh. Y yo preferiría que fuera la cuarta parte de Walsh. Nuestra razón de ser, la información, parece un asunto de tercera fila. Si los colmillos de la modernidad nos cogen en ese estado, ay del periodismo literario.

* * *

El mundo de ahora se mide en pulgadas y se accede a él a través una wiki. Creemos que el tiempo avanza más rápido, pero los minutos de mi abuelo también duraban sesenta segundos: lo que avanza más rápido es la información. El pasado que se desvanece en tu computadora sigue ocurriendo en la calle. La tragedia es que salimos a la calle armados de pantallas en nuestros bolsillos, y eso es todo lo que vemos.

Las pantallas nos anuncian cosas cada segundo: todo es información frente a tus ojos y terminas el día con tantos datos nuevos que con suerte recuerdas tu nombre; es decir, tu email. Mientras el periodismo diario siga haciendo de notaría de esa realidad, los periódicos saldrán de la imprenta rumbo al museo de historia. El periodismo literario, o el periodismo narrativo, mejor, debe convertir esa información en conocimiento: el por qué antes que el qué. Y eso vale tanto para la escritura como para el génesis de una crónica: por qué escribes lo que escribes. Una idea te diferenciará de una máquina que en veinte años será capaz de llorar. Si el cronista usa la información para descubrir, iluminar y sorprender, no habrá medio digital que pueda contra eso.

* * *

Sucede hoy en la prensa escrita lo que seguro sucederá en los monitores del mañana: si tenemos información, buenas ideas, pero no hay una gran historia detrás, ay del periodismo literario. La inmortalidad del papel depende tanto de las buenas historias como de la tala de árboles, pero el e-book, el audiolibro, el blog, y todas las tecnologías que vengan serán igual de insoportables con textos periodísticos que no digan nada. A qué se le teme, ¿al futuro o a nuestra incapacidad de meter las narices en la vida real de la gente real? ¿De qué escribimos? ¿Para qué escribimos? Si alguien no soporta lo que hacemos, pasará la página o hará clic o cambiará de canal o apagará la radio, y todas esas acciones son y serán, en el fondo, la misma.

Pero los jóvenes no leen. Al menos es lo que se dice. Lo real, supongo, es que los jóvenes no leen lo que les aburre. Obvio. Nadie lo hace: en mi mesa de noche hay al menos dos libros agonizando con un marcador en la página treinta y tantos. Pasa con toda la literatura í¢â‚¬â€œnovelas, poesía, periodismo, ensayo, etcéteraí¢â‚¬â€œ: cada vez se imprimen más libros y cada día se queman más libros que jamás se vendieron. Tengo una buena historia. Tengo una gran idea. Tengo una investigación impecable. No tengo lectores. ¿Para quién escribo, entonces? El lector, estimado lector, ya no es el mismo de antes: prefiere una carita amarilla y feliz a escribir estoy feliz.

* * *

El periodismo literario tendrá que acostumbrarse y reacomodarse en el nuevo mundo. Si antes se descubrió con asombro la penicilina, la luz y las técnicas literarias en la no-ficción, hoy es tiempo de pensar en la tecnología al servicio de la crónica. Hay cronistas que publican sus historias en internet y añaden audios, videos, links. Hay cronistas que aseguran que la verdadera historia la cuentan quienes comentan en sus blogs, y el texto debe leerse desde el título hasta el último comentario. Dije leerse. ¿Qué pasará luego? No lo sé. Pero la única profecía es que las modas son cíclicas y algún día un muchacho de veintitrés años dirá que quiere escribir de Nueva York como José Martí, o ser la cuarta parte de Walsh, mientras otro se pondrá a escribir í¢â‚¬â€œdije escribirí¢â‚¬â€œ y colgará para siempre los absurdos emoticones.

06 Ene 2009 Nieve
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Son las 11 y media de la noche del 6 de enero. Está nevando. Vean, vean…

Llevaba todo el día cayendo copos, pero sin mucho convencimiento. Ahora parece que la nieve está comenzando a cuajar. Desde mi ventana estoy viendo cómo caen los copos. Bueno, eso de caer es un decir. En la imagen no se puede apreciar (es una camarita compacta sin muchos secretos), pero en una nevada como la que está cayendo, consistente, los copos suben, bajan, se desplazan en lateral, se arremolinan… A veces más, a veces menos. Las calles están vacías, frías. Y los carros pasan silenciosos sobre la alfombra blanca. Está nevando.

Esta ciudad se llama Vitoria-Gasteiz. Sí, como el polideportivo de Nejapa. Es la capital del País Vasco. Y es el lugar donde nací. Estoy acá de vacaciones, con la familia. Desde 2001 vivo en El Salvador, y no veía nevar, por eso no puedo ocultar una sincera sensación de felicidad que seguramente no me deje pegar ojo esta noche.

En mi otro hogar, en El Salvador, ahora son las 4 y media de la tarde. Acá ya es noche cerrada. Intuyo que allá tendrán el mismo sol de justicia y el termómetro rondando los 30º C. En unos días lo estaré echando de menos, pero no ahora. Ahora está nevando. A ver cómo amanece mañana.

Buenas noches, buenas tardes.