Doy gracias a Dios por cada error que cometo en mi vida, ya que ellos me muestran lo bueno, lo malo y lo feo de cada uno de mis amigos; son los problemas el filtro para saber de qué estamos hechos los hombres, ellos nos sirven también para sacudir, limpiar, reanudar relaciones que no siempre tenemos en mente. Hace algunas semanas por cuestiones de trabajo me metí en un problema muy grande, a tal grado que los noticieros y periodistas lo mencionaron por más de un mes, en cuestión de segundos me percaté que las redes sociales en el país estaban siendo utilizadas para opinar al respecto de dicha situación. Facebook, Twitter y otros medios se abarrotaron con mensajes de odio, cuestionamiento y confrontación por parte de algunos y de ánimo por parte de algunos pocos, esto no me sorprende; lo que llamó poderosamente mi atención fue encontrar comentarios negativos e hirientes de personas que tenía muy de cerca en mi familia y círculo de amigos.
Cabe mencionar que yo soy de los que piensa que los amigos son para toda la vida, pero ahora entiendo que algunos jamás fueron mis amigos, les cuento la historia de uno de ellos. Resulta que por mi hábito de lectura conocí a este individuo con el cual por más ya de cinco años atrás sostuvimos una buena. Todo inició por una lectura compartida o intercambio de libros lo cual me parecía genial, poco a poco descubrimos que nuestras aficiones eran muy parecidas, a los dos nos gustaba el deporte de manera sistemática y nos encantaba la locura de la buena música; después de algunos meses decidimos que era tiempo de abrir más la puerta y nos presentamos entre familias, yo conocí a su esposa y el a la madre de mis hijos, luego nuestros hijos iniciaron una amistad distante pero buena. Ellas, las esposas, salían a cenar los fines de semana, al cine y hasta a eventos de familia.
Un día mientras almorzaba en casa llegó la noticia que un familiar muy cercano a mi amigo había muerto, como pastor evangélico que soy no dude en ofrecer compañía y palabras de consuelo asistiendo al funeral de su familiar, días más tarde decidimos salir de viaje y nos fuimos con otro grupo de amigos a Asia por más de quince días, en este tiempo mi confianza fue creciendo con mucha estabilidad, a nuestro regreso del viaje ya actuábamos como familia, ya dependíamos el uno del otro, para salir y hasta para comprar equipo de gimnasio y hasta nos comentábamos las cosas que sucedían en casa como en la relación de pareja que ambos teníamos; pero un día llegó a mis oídos un rumor muy fuerte que mi amigo estaba hablando mal de mi persona en los temas de finanzas, religión, y otros más, a lo cual por el cariño que le sentía decidí hacer caso omiso a dichos comentarios.
Para mi sorpresa los comentarios eran realidad, mi gran amigo se había dado a la tarea de traicionar el voto de confianza que yo en él había depositado por más de cuatro años que tenía nuestra amistad, ya sus palabras eran insostenibles y sus comentarios cada vez mas dañinos, ya la cosa se había tornado insoportable, la madre de mis hijos siempre me decía yo a él no le veo buena cara, yo en él no confió, hay algo que no me gusta de tu amigo, pero mi soberbia y necedad llámese buen corazón no me permitía ver lo que en realidad estaba sucediendo, la amistad de parte de mi amigo había terminado, y yo no me percataba del problema; un domingo por la mañana decidí probar si esto era un mal sueño o en realidad mi amigo me había traicionado, para mi sorpresa descubro que sus comentarios en mi contra los publicaba en sus redes sociales y hasta fotografías burlando nuestra confianza.
Al día siguiente le vi en el lugar acostumbrado en que hacemos ejercicio y me dijo tantas cosas buenas tratando de desmentir lo que mis propios ojos habían leído y visto en las redes sociales, todo lo que pude hacer con el dolor en mi corazón y más en mi orgullo fue repetir estas palabras "Los amigos son para toda la vida". Yo se que él no entiende esto, ya que nunca ha estado solo, abandonado, criticado, confrontado, expuesto, pues él no es público, pero no dudo que vendrá un momento en su vida en el que recordará cada detalle que yo sembré en él como amigo, como hermano o como pastor; nadie sabe lo que tiene valor hasta que lo pierde, desde ese día no he tenido noticias de él, pero cada vez que veo mi cuenta de Twitter está denigrando mi trabajo, ministerio, iglesia y familia; esto sólo me lleva a seguir esperando hasta que él pueda entender el valor que para mí tiene un amigo.