Libre o propietario: buscando un balance para cada caso

Se trata de dos fundamentos filosóficos para desarrollar y comercializar productos de software. Para los adeptos que siguen a una u otra forma de construir y distribuir piezas de código de programas computacionales, ambas posibilidades son irreconciliables.

Sin embargo, en la práctica, la mayoría de usuarios y consumidores de software utilizan una combinación de títulos y paquetes que caen en una u otra manera de producción y comercialización. Aunque en la decisión inciden variables como el costo y el soporte, cada usuario, persona o empresa, adopta los productos de software que mejor satisfacen sus necesidades.

El esquema del software propietario, cuya denominación ha sido acuñada a posteriori (“propietario” como forma alterna a “libre”, que surgió después), responde al modelo económico que estamos acostumbrados a utilizar en la mayoría de bienes y servicios que consumimos: hay una inversión financiera y de otros recursos, un diseño y desarrollo de productos, un proceso de comercialización y venta, y una recuperación de lo invertido más algunas utilidades.

Este es el proceso tradicional. Una persona o equipo de trabajo, organizados en una empresa, diseñan, desarrollan, empaquetan, comercializan, venden y brindan garantía, mantenimiento y soporte a un producto de software. Por estas actividades, reciben una remuneración monetaria, y mantienen los códigos, los diseños y los programas como su propiedad, registrándola y protegiéndola, evitando su difusión pública, del mismo modo en que se guardan las fórmulas de bebidas o de medicamentos, los materiales especiales, o los diseños de los dispositivos que usamos a diario.

Una respuesta que era posible

Alrededor de 1983, y como una respuesta al modelo económico del desarrollo y la comercialización tradicional, surgió el movimiento del software libre. La denominación sigue siendo discutida, pero sus promotores insisten en que “libre” debe entenderse en este contexto como “libertad de expresión”, y no como “barra libre”.

Por ello, y de acuerdo a sus documentos oficiales, el software libre es una cuestión de la libertad de los usuarios de ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar el software. Más precisamente, significa que los usuarios de programas tienen las cuatro libertades esenciales:

a) La libertad de ejecutar el programa, para cualquier propósito (libertad 0).

b) La libertad de estudiar cómo trabaja el programa, y cambiarlo para que haga lo que usted quiera (libertad 1). El acceso al código fuente es una condición necesaria para ello.

c) La libertad de redistribuir copias para que pueda ayudar al prójimo (libertad 2).

d) La libertad de distribuir copias de sus versiones modificadas a terceros (la 3ª libertad). Si lo hace, puede dar a toda la comunidad una oportunidad de beneficiarse de sus cambios. El acceso al código fuente es una condición necesaria para ello.

Un programa es software libre si los usuarios tienen todas esas libertades. Entonces, debería ser libre de redistribuir copias, tanto con o sin modificaciones, ya sea gratis o cobrando una tarifa por distribución, a cualquiera en cualquier parte. El ser libre de hacer estas cosas significa, entre otras cosas, que no tiene que pedir o pagar el permiso.

Hay que notar que esta nueva forma de hacer las cosas es posible puesto que cada persona está en la libertad de disponer acerca de su producción intelectual original. Es decir, así como un artista de cualquier disciplina puede optar por donar, regalar, vender, ocultar o destruir su obra, lo mismo puede ocurrir con las ideas, diseños, inventos y otras creaciones que se desarrollan a título individual por las personas.

El interés de los usuarios

Aunque las motivaciones de los diseñadores, productores y distribuidores de uno u otro tipo de software pueden ser muy diversas, el objetivo final de una pieza de software es el mismo: resolver un problema o una necesidad de uno o más usuarios. De ahí que, desde la perspectiva del usuario final del software, debe prevalecer el criterio de lo que es útil y lo que mejor se acomoda a las tareas que busca desarrollar cada uno de los usuarios, consumidores o clientes del producto.

Para cualquier usuario, por supuesto, es importante el monto de la inversión que debe realizar en su infraestructura tecnológica, incluyendo el valor que debe pagar por las licencias de software que va a utilizar, pero más importante aun es el análisis del balance entre el costo y el beneficio que obtendrá de cada decisión.

Para el caso, el software libre no es ni debe ser sinónimo de gratuidad, como sus mismos promotores lo establecen. Se trata de libertad, como se ha definido, no de costo cero.

En el caso del software propietario, es posible identificar clara e inequívocamente a una empresa que vende el software, y se espera que el equipo humano de esta empresa responda por la implementación, el soporte, las versiones, los cambios, las mejoras y las adaptaciones, así como poder resolver los aspectos de compatibilidad con otros productos, bases de datos y aplicaciones que se encuentren en uso en la organización que adquiere el software.

De igual forma, cuando una institución, pública o privada, decide hacer uso de una pieza de software libre, debe poder identificar, ya sea dentro o fuera de la misma organización, al equipo técnico que solventará todos los posibles contratiempos, mejoras y/o cambios que se deban efectuar en la distribución libre del software.

En todos los casos, el apoyo y promoción de un tipo de software debería ser realizado basado en las virtudes y ventajas de cada producto, y de su pertinencia e idoneidad para realizar la tarea o solventar el problema para lo que se está buscando apoyo informático. Las valoraciones ideológicas, que siempre existirán, como razón para elegir uno u otro tipo de software, no deben anteponerse y bloquear la visión ante la necesidad concreta que se busca resolver.

Oportunidad para nuevas empresas

Ya sea que una o varias personas diseñen y desarrollen su propio software para atender alguna necesidad; o bien que se conviertan en un distribuidor autorizado del software desarrollado y registrado por una compañía local o internacional; o, en una tercer alternativa, se constituyan en expertos para realizar implementaciones y adecuaciones de productos de software libre; en todos estos casos, existen oportunidades en el mercado salvadoreño para nuevas empresas.

Para los y las jóvenes emprendedores, con estudios y experiencia en el área de la programación y la informática, es posible descubrir nichos de mercado que les puede llevar a conformar empresas exitosas, ya sea en el campo del software propietario o en el del software libre.

El esquema de licenciamiento del software debe ser conocido y respetado, y las empresas que venden y distribuyen los productos deben dar a conocer a sus clientes la cantidad de dinero que deben invertir, estableciendo claramente la naturaleza de los cobros según sea el caso, así como el detalle de lo que se debe pagar por licencia, soporte, asesoría, implementación, horas de atención, etc.

De esta forma, las empresas e instituciones contarán con la libertad de seleccionar los productos de software que más se adecuen a lo que necesitan (a veces propietario, a veces libre), y podrán saber que el soporte que recibirán por parte de las empresas, pequeñas o medianas, formadas para este fin, les asegurará la protección de su inversión.

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