Como lo deja saber la parábola de los talentos, lo último que debemos hacer con los talentos, propios y extraños, es enterrarlos y olvidarnos de ellos, con el pretexto de estarlos cuidando. Por el contrario, es nuestra responsabilidad identificarlos, estimularlos, desarrollarlos y fomentar su mejor aprovechamiento, sobre todo en beneficio de la sociedad donde conviven las personas talentosas.
Un talento, en una definición propia, es la habilidad de hacer lucir fácil la realización o ejecución de algo que muy probablemente no lo es para la mayoría de seres humanos....